08 julio, 2020

V Certamen de RELATOS CORTOS La Esfera Cultural


 


Género: Relato Corto
Premio:
1º. 300€. Publicación del relato en la antología que se editará.
2º. Mención. Publicación del relato en la antología que se editará y obsequio de 3 libros.
3º. Mención. Publicación del relato en la antología que se editará y obsequio de 3 libros.

Abierto a: escritores de cualquier nacionalidad mayores de 18 años
Entidad convocante: Asociación La Esfera Cultural (G76756170)
País de la entidad convocante: España
Fecha de cierre: 15 agosto 2020





BASES

BASES V CONCURSO DE RELATOS CORTOS LA ESPERA CULTURAL:



  • PRIMERA. Podrá participar cualquier escritor mayor de edad.
  • SEGUNDA. Los relatos serán tendrán temática, género y el estilo LIBRE. Los textos deberán ser originales e inéditos. No pudiendo haber sido publicados en ningún formato (blog, RRSS, papel, etc) y escritos en castellano.
  • TERCERA. Los relatos tendrán una extensión máxima de TRESCIENTAS (300) palabras, no existiendo ningún requisito sobre la extensión mínima y se tendrán que presentar en soporte informático (escritos en Word u Open Office), con letra Arial 12. El cumplimiento de este requisito será imprescindible para la aceptación del relato.
  • CUARTA. El plazo de presentación de las obras finalizará a las 23:55 del día 15 de AGOSTO de 2020. El fallo del JURADO se publicará el 2 de septiembre.
  • QUINTA. Cada uno de los relatos llevará adjunta, sin excepción posible, una hoja donde debe figurar el TÍTULO DEL RELATO, el nombre y apellidos del/la autor/a, fecha de nacimiento, DNI ó NIF (número de indentidad en cada país), domicilio completo, número de teléfono de contacto y dirección de mail.
  • SEXTA. Los participantes deberán enviar sus obras por correo electrónico a la siguiente dirección: convocatorialaesfera@gmail.com. Los concursantes podrán enviar un máximo de dos relatos a esta convocatoria del concurso, pero en ningún caso podrán ser premiados más de una vez.
  • SÉPTIMA. Se concederán los siguientes premios:
1ºPremio: 300€ y compromiso hasta diciembre de 2021 de publicación de una obra escrita o por escribir del escritor.
2ºPremio: Mención. Publicación del relato en la antología que se editará y obsequio de 3 libros.
3ºPremio:
Mención. Publicación del relato en la antología que se editará y obsequio de 2 libros.
  • OCTAVA. Los tres relatos premiados serán seleccionados por un jurado designado en su día por La Esfera Cultural y que estará compuesto por 3 miembros de su comité literario. El jurado valorará la calidad de los escritos sin conocer la autoría de estos. Una vez el jurado dé a conocer los títulos de los textos ganadores, se procederá a comprobar la autoría de los mismos, y se anunciará en las redes sociales y blog de la Asociación La Esfera Cultural el título de los relatos premiados y el nombre y apellidos de los autores.
  • NOVENA. Los autores participantes aceptan que su relato pueda ser publicado mientras esté abierta la convocatoria (sin desvelar su autoría) en el blog de La Esfera.
  • DÉCIMA. Los 100 mejores relatos formarán parte de una antología editada en papel. No por ello los autores perderán los derechos sobre sus relatos. Los cuales conservarán.
  • UNDÉCIMA. La persona ganadora podrá formar parte del jurado en la próxima edición.
  • DUODÉCIMA. La participación en este concurso supone la plena aceptación de estas bases.
La organización se reserva el derecho a realizar las modificaciones que las circunstancias obliguen, así como la posibilidad de declarar desierto algún premio si los trabajos presentados no reúnen la calidad suficiente. Teniendo todas las facultades para arbitrar cualquier circunstancia dimanante de esta convocatoria.

02 julio, 2020

Metamorfosis

De pronto fui consciente de mi estado, no podía mover ni las piernas ni los brazos porque no los tenía, ¡horror! era una crisálida. Recordaba el momento de envolverme con placer en la sábana, pero ahora mi aspecto debía de ser horrible. Nunca más podría continuar con mi vida anterior.

El despertador me transformó y me devolvió a una nueva realidad. Saliendo de mi envoltorio pude extender mis extremidades y saludar al nuevo día. Me miré en el espejo y maldije la película de terror que había visto.

Texto: Javier Velasco Eguizábal

01 julio, 2020

Efímero

Escribo los trazos vehementes de amor y van quedando olvidados mudando en girones deformes de olvido.
Recito los versos de pasión que se elevan en volutas de humo fusionándose con las alas de un oscuro cupido.
Acaricio los pétalos de ternura con el extremo de mis dedos marchitándolos en el transito de mi gesto.
Esculpo el éxtasis en gemas de brillos exclusivos que se enfrían después del fuego.
Aspiro la atracción asfixiándola con mi tenebrosa inspiración.
Como un latido vive el amor y muere antes del siguiente.
Como un segundo espera la pasión su ocaso antes del venidero.
Como una ola la ternura arrastra su final que la llegada de la próxima desvanece.
Como un rayo el éxtasis ilumina y se diluye en la noche que asustada espera su rugido.
Como una gota de lluvia me empapa la atracción y pierde su forma.
Un impulso del corazón renueva el anterior y otros lo acompañan sin pausa.
Un segundo se amontona en un minuto y llenan el tiempo sin volumen.
Una ola es un inmenso mar impulsado sin tregua sobre un cambiante regazo.
Un rayo cose el cielo con deformes trazos uniendo con hilo albino la tormenta
Una gota esta arropada saturando el aire de laberintos imposibles.
Algo, siempre, sin aviso, nace y muere sin tiempo de haber vivido pero repite su ciclo sin sentido y vive el amor, la pasión, la ternura, el éxtasis y la atracción en un corto periodo indefinido que alimenta con su invierno una primavera de amor, pasión, ternura, éxtasis y atracción desmedido.

Autor: Ignacio Alvarez Ilzarbe

25 junio, 2020

El otro sol

El sol dolía allá en lo alto. Podría decir que a mis veinte y pocos años soportaba bien las elevadas temperaturas que los implacables rayos del sol nos regalaban en esa época del año, pero llevaba horas de trabajo agachado, mirando al suelo, viendo avanzar lentamente la labor. El surco que dejaba el arado levantaba una nube de polvo que me envolvía. Las gotas de sudor atravesaban la capa terrosa adherida a mi piel. Era duro el trabajo del campo; no obstante, se compensaba con la esperanza del jornal al final de semana y la satisfacción de ver crecer el fruto de la cosecha.

Había pasado el tiempo. Hoy, este pensamiento me asaltó con pesar por un instante mientras me acomodaba en la toalla mirando al mar, protegido del sol por la sombrilla y la crema solar.

Texto: Javier Velasco Eguizábal

18 junio, 2020

Sueños

Tardes de verano aderezadas con aromas a sal y risas de niños. La familia se reúne en al patio de la casa albeada, inundada con olores a café y bizcocho recién hecho. El perro se adormece en los pies de la abuela que peina con delicadeza el pelo de su nieta más preciada. Al fondo, en la habitación de María, suena un bolero que acompaña a las gaviotas en su vuelo de regreso a casa. El sol se despide por el horizonte y como una escena recreada, los besos de una madre suenan en la mejilla de una hija que vuelve al hogar.
Llega la noche y por fin concilio el sueño entre recuerdos infantiles bañados por un mar azul.
Mañana será otro día, pero los presentes del pasado siempre permanecerán.


Texto: Gloria de la Soledad López Perera

14 junio, 2020

El castillo

La construcción del castillo iba viento en popa. Los sólidos pilares de la base soportaban perfectamente las dos plantas superiores. Sobre ellas irían las torres con sus correspondientes almenas. El artífice de aquella esbelta estructura hacía pequeños descansos para relajar la tensión acumulada. Debía equilibrar bien los muros, calibrar exactamente las cargas que soportarían los suelos, pero todo se vino abajo cuando quiso colocar la sota de corazones sobre el rey de diamantes y el caballo de picas empujó al as de trébol
 
Texto: Javier Velasco Eguizábal

13 junio, 2020

Entre tiempos

Mientras tanto la tarde daba paso a la noche, como si hubiera sido hechizada, los ojos se hacían cada vez más pesados.
Los párpados se hicieron persianas, que poco, a poco, terminaron por la opacidad total de ellos. Pero deseaba que sucediera, era el único modo de volver.


Texto: María Gladys Estévez

07 junio, 2020

Mi pueblo

Yo fui uno de aquellos jóvenes que tuvo la necesidad de emigrar a otro país en busca de trabajo. Anteriormente había viajado al extranjero en varias ocasiones para disfrutar de las vacaciones o para conocer otras culturas. Pero en aquel viaje como emigrante pude comprobar la diferencia entre ellos. Viajaba solo, acompañado de un pellizco en las tripas fruto de la incertidumbre y la inseguridad. Solo llevaba una pequeña maleta con ropa, la dirección casi impronunciable de una ciudad alemana y mi flamante título de carrera que de tan poco me había servido en mi país.
Habían pasado seis años de aquel viaje y el balance que podía hacer era bueno. Con un poco de suerte y con mi esfuerzo logré pronto un trabajo y algún ascenso en el tercer año. Podía vivir con desahogo gracias a un sueldo más que digno y había llegado el momento de regresar a mi tierra.
Me encontraba en la litera de un tren cuando me desperté de noche y ya no pude volver a reanudar el sueño. La cercanía de mi destino me producía todo tipo de emociones y sensaciones nuevas que se mezclaban con los recuerdos de mis vivencias junto a familiares y amigos. Me acerqué a la ventanilla y con la luz incierta del amanecer distinguí la silueta de unas casas blancas en un alto. La imagen velada por las lágrimas fue inconfundible para mí. Era mi pueblo.


Texto: Javier Velasco Eguizábal

03 junio, 2020

Agilidad felina

Saltó el muro con agilidad felina, recorrió lentamente la cornisa con pasos leves y seguros. Se dirigió hacia el lugar en el que su instinto le indicaba que podía lograr una buena recompensa. Para no precipitarse permaneció agazapado y observando atentamente los alrededores. A través de una ventana podía distinguir que algunos miembros de la familia cenaban tranquilamente. Al verlos recordó los tiempos felices en los que formaba parte de una familia y vivía entre ellos.

Notó en sus tripas el arañazo del hambre. Mientras, algunos colegas merodeaban cerca sigilosamente buscándose el sustento. Cuando notó que nadie lo veía se acercó al rincón donde otras veces había saciado su hambre. —¡Maldición! —maulló. El cuenco estaba vacío, alguien se le había adelantado. Una vez más le invadió la frustración. Resignado, esperó con paciencia mientras tumbado en el suelo se lamía las patas.

Texto: Javier Velasco Eguizábal

31 mayo, 2020

La vida se abre camino

La pareja de patos mandarín cuidaba de sus polluelos en el nido construido a bastante altura en el hueco de un árbol del bosque. Aquella hermosa mañana de mayo la hembra salió del nido y voló por los alrededores en busca de comida. Tenía cierta preocupación porque su instinto le decía que había llegado la hora de que sus patitos abandonaran el nido y se enfrentaran al mundo. Para eso deberían saltar al suelo que se hallaba a más de quince metros. Luego, ella les guiaría hasta el agua, su medio habitual.
En esto, vio a lo lejos unas personas reunidas en la barandilla de un puente. Se acercó curiosa y distinguió que uno de ellos saltó al vacío. Pensó que también a él le había llegado la hora de iniciar su vida fuera del nido. Pero cuando comprobó que quedaba colgado de una cuerda, dedujo que aquellos humanos no estaban preparados para salir del nido. ¿Cómo podría reunirse con sus padres atado de aquella manera?
Siguió volando y más adelante un avión que volaba más rápido le sobrepasó. Su sorpresa fue mayúscula al darse cuenta que de él salían personas que caían como piedras.  —Estos sí son de los míos  —pensó. Pero de pronto a aquellas personas les aparecían como unas grandes setas que frenaban su caída. Luego llegaban a suelo y comenzaban a caminar.
La idea no le pareció mala, mas no se le ocurrió la forma de aplicarla a sus patitos. Además sabía que la vida les protegería. Su bosque les regalaba un montón de hojas secas en forma de alfombra mullida.
Mucho más tranquila volvió al nido dispuesta a animar a sus polluelos para el salto.


Autor: Javier Velasco Eguizábal