Mostrando entradas con la etiqueta Dácil Martín. Mostrar todas las entradas
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20 octubre, 2013
Con la noche
No esperaba que el tiempo pasara tan rápido así: escondido en mi propia casa y sin que mis compañeros de piso notaran siquiera mi presencia repantingada tras la puerta de mi habitación.
Hacía poco que mi madre había muerto, dejándome huérfano con veinte años. Mi padre quería que fuese a quedarme a su casa durante las vacaciones. Pero pensé, para qué, si solo pone atención a lo que diga su novia. Aunque, tal vez, de haber acudido, le hubiese venido mejor a él. Las penas son menores si se comparten. Pero en aquel momento no quería, no. No me apetecía tampoco viajar. Y curiosamente aquí, en este piso antiguo, al calorcillo del verano y al cobijo de las risas de Loren traspasando mi puerta, es donde me sentía bien. Ella dormía en la habitación contigua a la mía, se había incorporado al piso ese mismo año y ya éramos cómplices elucubrando sobre nuestros otros dos compañeros; Alonso, un tiquismiquis para las normas de usar el baño; y, Joe, un financiero que mataba a riegos los geranios rojos del balcón… Pero mentí, les conté a los tres que me marchaba a pasar una
15 agosto, 2013
Un otoño en pleno agosto
Solía aparecer llegada la tarde. Por más que intentaba distraerme con las tareas de la casa, me veía apagando luces y cerrando puertas que él iba dejando abiertas a posta. Su figura delgada se distinguía vagamente saliendo de las paredes o escurriéndose tímidamente de camino hacia algún recoveco. Poco antes de que muriera coincidíamos en los balcones de nuestras respectivas casas, cada uno apurando su cigarrillo: él a escondidas de su novia, y yo… por dejar escapar el humo.
No he contado a nadie que mi vecino murió y que su fantasma anduvo pululando por mi casa. Tampoco sé la razón por la que quedó atrapado en los confines de mi salón. Recuerdo que me afectó muchísimo su muerte. Había asociado su larga ausencia a un posible viaje. Y cuando un día, pasado unos meses, me tropecé con su novia, y me lo dijo. Lloré, lloré desconsoladamente al comprender de pronto muchas cosas. Mi joven vecino estaba muy delicado de salud, y yo sin enterarme. Y cómo iba a saber nada si nuestra amistad se limitaba a saludarnos de terraza a terraza. Es cierto que lo encontraba muy flaco. Se había dejado crecer la melena que recogía en una cola. Se agachaba, de cuclillas, a observar las plantas, los árboles, las enredaderas… Lo hacía con la elegancia de un gitano, de un Cristo
22 julio, 2013
Escurridiza
—Te lo digo por experiencia. No te empeñes, busca un hueco, no intentes pasar a las bravas: más vale maña que fuerza.
—Pero es que tú lo tienes más fácil —rezongó el troll, tirando de su enorme martillo, que se había atascado en el entramado del atrapasueños.
La serpiente le dedicó un siseo despectivo mientras deslizaba la cola por uno de los orificios que se habían ensanchado gracias al forcejeo del monstruo por recuperar su arma.
Su sombra filiforme se proyectó sobre el niño, que dormía confiado en que esa noche no tendría pesadillas.
Texto: Ana Joyanes
Música: Metallica. Enter Sandman, del álbum "Metallica", 1991
15 junio, 2013
Oh, Chita

—¿Entiendes cuando hablo? —le pregunta Jane.
Tarzán no le contesta, su mirada inquieta va de un lado a otro acechando cualquier movimiento que pudiera alentar las hojas de los árboles. Más allá del claro donde acampa el grupo de expedicionarios, la selva se pierde en sombras tupidas de follaje y sonidos estridentes. De momento nada le clama. Chita los observa, está camuflada… Tarzán sabe que está, pero los demás no. Un mínimo gesto de alarma y Chita danzará veloz sobre la arboleda dando aviso al resto de los suyos para emprender la gran huída, la gran estampida. Y es que la presencia del hombre blanco acompañado de lugareños cargados de bultos no supone ninguna alegría, al contrario, nerviosismo, el inequívoco nerviosismo previo a un mal augurio.
Jane insiste:
—¿Recuerdas tu nombre, recuerdas cómo te llamaban tus padres de niño? Mi nombre es Jane, me
Tarzán no le contesta, su mirada inquieta va de un lado a otro acechando cualquier movimiento que pudiera alentar las hojas de los árboles. Más allá del claro donde acampa el grupo de expedicionarios, la selva se pierde en sombras tupidas de follaje y sonidos estridentes. De momento nada le clama. Chita los observa, está camuflada… Tarzán sabe que está, pero los demás no. Un mínimo gesto de alarma y Chita danzará veloz sobre la arboleda dando aviso al resto de los suyos para emprender la gran huída, la gran estampida. Y es que la presencia del hombre blanco acompañado de lugareños cargados de bultos no supone ninguna alegría, al contrario, nerviosismo, el inequívoco nerviosismo previo a un mal augurio.
Jane insiste:
—¿Recuerdas tu nombre, recuerdas cómo te llamaban tus padres de niño? Mi nombre es Jane, me
10 febrero, 2013
Colibrís
Tal vez sea eso, sus palabras quedas lo que me desinhibe y hace fuelle en mis pulmones y que suba y baje mi tórax descaradamente. Sus dedos aletean como colibrís sobre mis pies, ascienden al ras de mis curvaturas y se posan en la tela que cubre mis labios. Ahí espera un breve instante, el suficiente para que yo retenga casi en gritos las ganas de que los bese. Se quita las gafas y su sonrisa antes tímida se transforma en perversa, sus dedos de colibrís en una culebra, que repta y repta por las cavernas de mis entrañas y me clava y se clava hasta hacerme morir…
Texto: Dácil Martín
Narración: La Voz Silenciosa
Texto: Dácil Martín
Narración: La Voz Silenciosa
24 diciembre, 2012
Feliz Navidad
Disfrutemos, amigos, de ese instante en el que escapando de la cena, de los árboles adornados, de los móviles inflados, del mismísimo calor humano, mirando al cielo real pedimos excusas: "Porque estás en Real, ¿no?, Príncipe"
Texto: Dácil Martín
15 septiembre, 2012
El trompetista
Me recordaba a Miles Davis durante sus momentos de máxima inspiración: con estilo y cerrando los ojos. Desinflaba los mofletes con armoniosa precisión, su nariz perfecta perfilando su guapura. Así lo descubrí en aquella fiesta de verano. Desfilaba en el extremo derecho de la última fila de la banda municipal. Pasaba a mi altura cuando la procesión paró un rato. ¿Era la manera de tocar con sus dedos la trompeta, su boca seria al mirarme? Quizá fueran sus gestos pícaros invitándome a seguirle. Y la calle, mientras, bullendo al ritmo del pasodoble y de los “vivas” al santo; y yo riendo sus gracias. Hasta que, al llegar a la plaza y después de los fuegos, la banda se dispersó y lo perdí de vista. Pasaron una hora y dos. Me dediqué a pedir cubatas para superar el desconsuelo. Llegué a pensar que todo había sido un fugaz fruto de la imaginación. Despechada, empecé a bailar con mi vecino el pureta; pero cuando comenzó a sonar Mi capullito de alhelí apareció de repente, bajo la luz de los candiles, y me arrastró por la cintura, y me llevó entre sus brazos, bailando, girando como loco, mientras me canturreaba dulcemente al oído.
Texto: Dácil Martín
Narración: Susana Santamarina
Texto: Dácil Martín
Narración: Susana Santamarina
20 agosto, 2012
Dácil Martín: "Apostar por la cultura es siempre una satisfacción"
ENTREVISTA
Antonio
Guerrero. Conocer a través de estas entrevistas a todos los miembros
del comité de La Esfera es un placer incalculable. Imaginar vuestras reuniones y
sesiones de trabajo es un goce mayor aún. ¡Cuánto saber y cuánto
saber hacer¡, como tiene por lema la Universidad Blad Pascal. Por
todo esto me gustaría preguntarte cómo son exactamente esas
reuniones, ¿cómo es el funcionamiento interno de las mismas?
La Esfera tiene rostro, seguimos publicando la serie de entrevistas que permitirán conocer mejor a sus integrantes. Turno para Dácil Martín, la escritora de imágenes surrealistas, la escritora de textos que fotografían personajes...
![]() |
| La escritora en el programa de radio La Esfera |
Dácil
Marín. Hola Antonio, agradezco tu interés por saber quiénes somos
y cómo nos movemos tras el blog. Aunque de por sí elaborar estas
entrevistas entrañables que nos haces, es un ejemplo de las muchas
maneras de participar en él.
¿La
fórmula para que esto funcione? Quizá esté en la disposición que
ofrecemos los miembros del comité para colaborar truene o llueva, en
el respeto sagrado a todos los compañeros, en la coordinación
incondicional que ofrecen Francisco y Ana, agraciados ambos con la
virtud de convertir la ideas en realidad. Aunque cierto es también,
que el grado de dedicación que aporta cada uno de nosotros depende
más de las circunstancias laborales y familiares, pero cualquiera
que sea como ocurre con las piezas de un puzzle, es fundamental. Si
bien hay que destacar la capacidad de trabajo de Amando, a La Voz
Silenciosa por regalarnos sus lecturas, al aliento
enriquecedor que
supone los comentarios de los fieles seguidores de La Esfera, a los
críticos literarios que pasan por el blog…
En
cuanto a reunirnos los miembros para funcionar, además de tener
pendiente un encuentro veraz en el que estemos todos, pues como ya
saben residimos dispersos entre Canarias y la península, estamos
comunicados por el correo y por el propio blog. La culpa
06 marzo, 2012
Rico
Se llama Rico, aunque su nombre oficial es Ricardo. Solamente su novia y su jefe lo llaman así, Ricardo, pues al resto de su gente, ya sea la familia o los amigos, nos les cabe otra manera de pronunciar su nombre que la de Rico.
No es que sea guapo, pero desprende cierta ricura: tiene ángel, diría su abuela. Tampoco sus ademanes son la mar de elegantes ni su piel es rolliza ni sus manos finas. Rico es joven, acude a las fiestas con unas gafas de piloto de aviación que le ocupan media cara. Para los días laborables usa chaqueta y corbata, y aparenta estar muy centrado. Camina a zancadas por la gran ciudad, devora con la mirada a las mujeres, devora la belleza palpitante, devora la noche.
Comparte sus gustos por la música, sus ideas, sus éxitos, sus fracasos, comparte, en fin, su vida con una multitud de amigos a los que tiene agregados a su red. Y es que la red social,
18 febrero, 2012
El monstruo escondido en el follaje del jardín
¡Silencio! El monstruo está escondido en el follaje del jardín y mira hacia las estrellas. Él, que siempre ha vivido en la ciudad bajo la luz artificial de sus entrañas, no sabía que existiera el viento ni que agitara con revuelo las hojas de los árboles ni que despejara por entero el pelo de su rostro. Está absorto observándolo todo y oliendo la humedad de la noche.
¡Callen! Nos va a oír. Se levanta. ¡Está mirando hacia aquí! Capaz es de franquearnos el paso y engullirnos. ¡Viene!¡Huyamos! Trepemos el muro de piedra que da a la calle que allí no se atreverá a seguirnos ni a cruzar entre los coches.
*****
Comienza el amanecer, sus primeros rayos difuminan los tejados de las casas. En el jardín
Comienza el amanecer, sus primeros rayos difuminan los tejados de las casas. En el jardín
15 diciembre, 2011
No voy a pedir nada
No voy a pedir nada a los Reyes. He oído decir que no es bueno desear, que desear te aleja de crear algo por ti mismo. Así que este año me propongo a no aceptar tantas ofrendas y a no entristecerme por estar en Navidad. Si estuviera de mi mano, alegraría la Fiesta aportando ningún deseo. Cierto es que el brillo en los ojos de los niños al ver a los Reyes Magos dislumbra el Mundo de la Magia. Sólo en ellos parece existir la verdad porque en nosotros, los que somos adultos, esta Fiesta parece más una gran mentira tejida desde hace décadas para convertirse en lo que es ahora: una piltrafa engalanada. Hacer desaparecer a los Reyes Magos sería, pues, imperdonable. No es eso, no. Debo reconocer que la creencia en los Reyes Magos es importante para la infancia. Ellos han sido, lo que podría llamarse, la iniciación para entrar en el Mundo Fantástico tan necesario para subsistir los avatares de la vida. Y menos mal que existen, porque si no para los niños tal vez sería más difícil aceptar los sueños. No olvidaré aquel momento siendo niño cuando supe que la gran ilusión de mi corta vida había sido una farsa. Fue un paso amargo a superar por la traición del mismo ensueño. Cuando dejé de ser niño, aquel instante en que perdí la inocencia fue, sin embargo, el despertar de la conciencia, todo un descubrimiento. Por eso quizá lo importante no es desear sino descubrir. Y con el paso del tiempo, al echar una mirada atrás a la infancia lo amargo se vuelve dulce, porque recordarla va ligado también al descubrimiento de unas manos mágicas que guardaban en secreto a nuestros padres.
07 diciembre, 2011
La gallina negra
-¡Esa misma! -le dije al hombre de la tienda. Yo que iba en busca de un pollo, y al final, me compraba una gallina negra que parecía una paloma, o un mirlo enorme.
-¿Le crecerá la cresta? -pregunté al hombre.
-Es una gallina africana -comentó como si eso lo explicara todo.
-¿Y los huevos que ponga, serán grandes?
-Sí, sí... -decía mientras introducía a la gallina negra en una caja de cartón agujereada.
La llevé a mi casa y la solté en el jardín pero la gallina, o la paloma, o el mirlo enorme, según de que animal se tratara, se echó a volar hasta posarse en lo más alto del sauce, quedando allí toda la noche. A la mañana siguiente dispersé un poco de millo por el césped y bajó a comerlo. Yo que intentaba acercarme a la gallina, y ella, sin perderme de vista emprendía el vuelo una y otra vez. Los días pasaron y poco a poco la gallina negra, o la paloma, o el mirlo enorme, comenzó a corretear y a picotear por el jardín. Cuando desayunaba le echaba migas de pan, y ella, de un salto las engullía. La imaginaba entonces en la sabana africana picoteando y
La llevé a mi casa y la solté en el jardín pero la gallina, o la paloma, o el mirlo enorme, según de que animal se tratara, se echó a volar hasta posarse en lo más alto del sauce, quedando allí toda la noche. A la mañana siguiente dispersé un poco de millo por el césped y bajó a comerlo. Yo que intentaba acercarme a la gallina, y ella, sin perderme de vista emprendía el vuelo una y otra vez. Los días pasaron y poco a poco la gallina negra, o la paloma, o el mirlo enorme, comenzó a corretear y a picotear por el jardín. Cuando desayunaba le echaba migas de pan, y ella, de un salto las engullía. La imaginaba entonces en la sabana africana picoteando y
11 agosto, 2011
En el silencio del pasillo
Todas las noches el anciano depositaba en la mesilla un gran vaso de agua, se quitaba la ropa, se enfundaba en un pijama y, formando también parte del ritual, se desajustaba la dentadura y la hacía flotar como un pez todoboca en el vaso de agua. Desdentado se extendía en la cama y, antes de que el sueño lo invadiera a su antojo, se zambullía en el mar de la memoria surcando en vaivenes los años mozos en los que bajaba por la escotilla del barco con jovial altivez haciendo girar la cabeza de las mujeres bonitas. Esto a ella la ponía celosa. Lo notaba porque inflaba levemente las aletillas de su nariz y lo miraba de soslayo, orgullosa, disimulando su inquietud y su pasión. Sus mejillas se encendían y lucía muy hermosa. Le gustaba verla así porque era |
17 julio, 2011
A-roma
Su a-roma me llevó a buscarlo a la terraza, había servido la mesa con bollos y fruta. Su voz matinal sonaba ronca, resultaba graciosa oírla alentándome a tomar un descafeinado. Lo compré para ti, me confesó. Relvolví la leche manchada de aquel polvo hasta disolverlo. Y desapareció dejándome sola unos instantes para luego volver con un libro de poemas. Leímos uno que le gustaba sobre un café y una pareja que se acaba. No, no es un presagio, me dije. Terminamos el desayuno asomados al balcón compartiendo muy juntos un cigarrillo, mirábamos a la gente pasar y a las nubes en aquel azul intenso espejo de nuestro a-roma.
Texto: Dácil Martín
Texto: Dácil Martín
30 junio, 2011
Henry
La bandeja incluye un menú frío. Tiene un hueco para el vaso que la azafata ofrece poco después con la bebida. Todo lo cubre un plástico que aparto con avidez. El anciano sentado a mi lado no logra desprender el envoltorio y desiste en el intento. Sus manos débiles caen sobre sí y dirige su mirada lastimera fuera del avión. Con mi cuchillo corto el plástico y libro su comida.
- Buen apetito -le digo.
Mira a la bandeja y me da las gracias con un sonoro acento inglés. Lo trato como a un hermano pequeño; le pido la bebida a la azafata, le abro los sobres de azúcar... Se llama Henry y me cuenta que vive en La Villa, a cuarenta kilómetros de mi casa. Pienso que pueda ser un residente jubilado, su aire es distinguido y su vestimenta impecable; usa corbata, chaleco, chaqueta..., pero le descubro algunas
11 junio, 2011
Segovia
Mira que lo había dicho, que las torres son mujeres ruborizadas cuando al atardecer el Sol las roza con oro. Que el alma de Doña Urraca vuela entre grajos negros que no se atreven a sobrevolar a la Vera Cruz. Que los Templarios duermen eternamente en esta tierra antigua a la sombra de los olmos y custodiados por las vírgenes morenas. Que en el monasterio del Parral, los últimos monjes despidieron a su hijo predilecto cantando desconsolados a los pie de la fortaleza, a los pies de la ciudad de la victoria.
Entre Eresmas y Clamores se elevó una vez un castro celta. En el atrio de la iglesia de San Miguel que miraba a la Sierra de Guadarrama, un frío trece de diciembre, Isabel se proclamó reina. Y San Juan de la Cruz y Santa Teresa murieron sin morir...
Campos de Castilla de Antonio Machado, el pinar verde sobre las tumbas hebreas, agua dirigida por romanos, y un bello gitano, un Cristo, el de la Última Palabra, suspendido en la cruz.
Siguen paseando trashumantes los pastores por los puentes, y los poetas y los escultores, en esta ciudad victoriosa, Segovia.
05 junio, 2011
Árboles

Si fuera un árbol de extendidas ramas
para alcanzar las tuyas, árbol mío,
buscaría la tarde de finas y largas sombras
para rozarte.
Dentro de las costuras de la tierra
mis suaves rizoides te encontrarían,
y absorberíamos la savia
confundiendo floemas y xilemas
y al viento entre las ramas,
y nada importaría:
ni el bosque ardiendo
ni la lluvia arrastrándonos por los barrancos.
En la cueva del meandro,
la arena el suelo el techo la noche,
encendida la hoguera,
prendo en llamas mi olvido,
y aún la mirada perdida en el fuego
sabe el demonio cuántas veces te he negado, y él
queriéndote llevar consigo.
Qué mentiras hermosas son tus cuentos,
y qué ciertos tus dedos en los míos.
Texto: Dácil Martín
Narración: La Voz Silenciosa
Ilustración: Cristina Tabares
15 mayo, 2011
Calmosa presencia
Mi abuela vivía en un piso al lado del nuestro, al terminar la tarde, solía tocar a la puerta dando golpes débiles e inconfundibles con la punta recauchutada de su elegante bastón. Parecía querer evitar que el sonido estridente del timbre de mi casa violentara su calmosa presencia y que los nudillos de sus dedos, tan frágiles, pudieran quedar más quebrados de lo que estaban. La invitábamos a entrar entonces, y dando pasos de pantuflas se instalaba en la cocina muy a gusto allí esperando a que todos, el resto de la familia, fuésemos apareciendo a la hora locuaz de la cena.
Texto: Dácil Martín
23 marzo, 2011
A lo Monroe
Me dijo que es un viejo que cumple setenta. La familia en peso se lo está celebrando. Quiere que toque a la puerta, cante el cumpleaños feliz a lo Monroe y, luego en sus rodillas, le dé los globos y un boquinazo restregando mi carmín rojo por sus morros. Todo por ver la cara de ella, la bruja, que bien merecido se lo tiene. No sé... no sé... cómo saldré de esta, aunque dos mil euros valdrán la pena. Sacará fotos y las colgará en internet: Tremendo escándolo, y yo por medio. ¿Y si me lo impiden? Dijo que estará allí, que no me preocupase, abrirá la puerta y me guiará hasta el salón donde estarán tomando champán y con los regalos para el viejo. Se llama Emilio, le flipan flacas y con tacones altos. Quedará hinoptizado conmigo, me dijo, que era una gata de su gusto, que no me rechazará. Pero con la bruja que tuviese cuidado, capaz es de darme un bofetón. Si así ocurriera, añadirá la mejor foto para el escándalo.
Texto: Dácil Martín
Más sobre este texto aquí
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03 marzo, 2011
Quedaron los días
Quedaron los días de tus besos prendados a mis labios
ahora ya secos...
Qué pálida está la flor del geranio
y la bruma en la montaña imitando a la tristeza.
Una mota de polvo vuela hacia mí,
adivino sus múltiples ojos repitiéndome.
La tarde arrecia deslumbrando batiendo sus últimos suspiros,
ahora ya secos...
Qué pálida está la flor del geranio
y la bruma en la montaña imitando a la tristeza.
Una mota de polvo vuela hacia mí,
adivino sus múltiples ojos repitiéndome.
La tarde arrecia deslumbrando batiendo sus últimos suspiros,
la noche... la noche tronando tu nombre.
Dácil Martín
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