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17 abril, 2013

Presentación de "Andamana, la reina mala"

invitación
Invitación del Acto
Nuestro amigo "esférico" Marcos Alonso, presentará el próximo lunes 22 de abril, en la Casa Museo Orlando Hernández de Agüimes, Gran Canaria, la novela Andamana, la reina mala

El acto está organizado por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Agüimes y será presentado por el escritor Antonio Lozano.

La presentación está prevista a las 20.00 h. y están todos invitados.

14 febrero, 2013

Andamana, la reina mala

Título: Andamana, la reina mala
Autor: Marcos Alonso
ISBN: 84-686-3116-5
Páginas: 286
Como ya saben algunos esféricos, he editado mi novela "Andamana, la reina mala" a través de plataforma Bubok, y, antes de presentar a la criatura en sociedad, quería hacer llegar la noticia a esta familia esférica. 

Dicha criatura se puede adquirir en papel (+ e-book de regalo) o en e-book. También se puede solicitar en librerías y librerías bubok.


Les dejo el enlace a mi novela donde pueden leer la sinopsis y los primeros capítulos, aquí.


He creado un blog para el libro, con distintos recursos que iré creando y donde pueden dejar su opinión o consultas.

Gracias por adelantado y un carnavalesco abrazo,
Marcos Alonso.

09 enero, 2013

Rencor



¿Qué hace ahí fuera Lucas arañando la ventana? –me pregunto, mientras observo cómo se tensan los músculos de su cara y sobresalen sus ojos proyectando una mirada de odio.

Me cuesta reconocer esa expresión de rencor en un niño de su edad, aunque ya sé que no es fácil aceptar que no tuviéramos suficiente dinero para subirnos todos en el submarino.

Texto: Marcos Alonso

Narración: La Voz Silenciosa

26 diciembre, 2012

Ocupas



No, claro que no queremos vivir de esta manera, ¿pero qué podemos hacer si no tenemos dónde caernos muertos? –dijo resignado, y, ante la sorpresa del empleado, el ocupa volvió a meterse por el agujero hasta desaparecer.

Después, tras permanecer durante un rato un tanto perturbado, el enterrador prosiguió su ronda golpeando las lápidas, para saber si los inquilinos eran provisionales o definitivos.


Texto: Marcos Alonso
Narración: La Voz Silenciosa

21 diciembre, 2012

Sorpresa



Intento despegar la foto de él que está pegada a la pared, mientras una lágrima me acaricia la mejilla. Casi no la siento, tengo frío. Apenas puedo ver su rostro y me cuesta recordar cómo era. Es extraño, hace sólo unos días era la chica más feliz y enamorada del mundo; en cambio, ahora estoy en esta casa sola y vacía, abandonada, precisamente este día. Ya nada tiene sentido. Me siento estúpida. Ni siquiera mamá y papá me soportan, y, como él, a la menor excusa, me dejan sola. Tengo los labios secos y apenas fuerzas para abrir la puerta. Sonrío, y mientras se me caen las últimas pastillas del bote, los veo y oigo como gritan: “¡sorpresa! “.

Texto: Marcos Alonso
Narración: La Voz Silenciosa

15 diciembre, 2012

Reconocimiento


Ayer Dios se sentó a mi lado. No lo reconocí. Hablamos largo y tendido sobre cosas sin importancia. Su voz era sonora y su expresión severa. Luego, me contó cosas increíbles que me dejaron realmente boquiabierto “¿de verdad?” –le pregunté impresionado- Él me miró fijamente a los ojos, como si estuviera enfadado, consiguiendo que me avergonzara y me sintiera realmente estúpido. Y, de repente, rompió a reír sin parar -¡Claro que no, me estaba quedando contigo!-. Entonces, y aunque me sentí aliviado, se me quedó una cara de tonto con la típica sonrisa de estreñido, hasta que se me contagió su risa y nos estuvimos desternillando durante un buen rato. Al poco, apareció en la salita un hombre de mediana edad, serio y trajeado, que, tras dar los buenos días sin mirarnos, se sentó frente a él. Él, tras observarlo de reojo y resollar, dijo entre dientes algo así como: “que mal me caen los que me imitan”. Me sonreí, creo que lo entendí. Ahora, que sé que era él, estoy seguro que no me reconoció.

Texto: Marcos Alonso
Narrcaión: La Voz Silenciosa

18 noviembre, 2012

Decisión




Había puesto todas sus cartas sobre la mesa y, ahora, era consciente de que no le quedaba otra opción que vender su alma al diablo. No lo dudó ni un segundo y se propuso huir lo más lejos posible. Rápidamente se subió al coche y en un santiamén se puso en el aeropuerto. Por más que buscó no encontró a nadie que lo mirase a los ojos, justo en el instante en que extrajo la pistola del estuche. No escuchó el ruido ensordecedor, ni percibió como la bala se abría hueco entre sus sesos reventados. Solamente sintió el cálido resplandor que lo acogió, antes que el calor lo penetrara y deformara la sonrisa que acompañaba a sus palabras: “Ya estoy aquí…” Finalmente su mundo se había convertido en un infierno.
Texto: Marcos Alonso
Narración: La Voz Silenciosa

17 abril, 2012

El vecino de abajo


Sus pasos acariciaban una alfombra de mentiras, rompiendo las hojas secas del otoño cuando el aire se manchaba de frío. Esa mañana, cerca de Gloucester Road, donde se levantaba su imponente casa victoriana, sus labios perfilaron esa sonrisa que acoge a los seres que parecen flotar en la autosuficiencia: una vida confortable sin sobresaltos, como una zona ajardinada que aseguraba su tranquilidad; una familia perfecta y ordenada en torno a una moral recta y a unos principios sólidos. Su bienestar descansaba en el bien común, en la ayuda al prójimo, y todo aquello que te permite dormir sin quebrantar tu conciencia. Ya en su casa, tras acariciar a su viejo West Highland White Terrier, que corría a recibirlo, dejaba el abrigo en el perchero de la entrada y se ponía cómodo. En el salón encontraba a su mujer tomando el té y sus hijos bajaban a saludarlo para luego seguir con sus quehaceres. Tras excusarse, iba a la cocina donde preparaba rápidamente una especie de sopa muy líquida, casi sin color en la que

15 marzo, 2012

Ataud


Se acercó sigilosa, despacio, engañando al tiempo para retrasar la despedida, el último adiós, el beso en sus labios fríos, el fin de una historia como cuando se pasa la última página antes de cerrar el libro. Sintió como sus fuerzas flaqueaban. Sus piernas, incapaces de mantener su cuerpo, provocaron que sus manos se apoyaran en la fina madera del ataúd y sintió, entonces, su suavidad, como una tierna caricia que la reconfortó hasta provocarle una sonrisa. Se excusó en su abatimiento para rozar sus mejillas sobre la tapa de fina madera, repujada en sus bordes donde formaban graciosos elementos decorativos vegetales que caían por los laterales; disimuladamente extendió sus brazos sobre aquella obra maestra reconociendo sus formas y, así, pasó un rato, sin que se percatara de que su esposo seguía muerto. Cuando fueron a buscarla costó que

05 marzo, 2012

El paraíso


Cuando llegué al paraíso, me pregunté qué Dios me trajo hasta aquí si sólo tengo fe en mí; sólo en mi profundo convencimiento de volar hasta lo más alto posible a costa de los demás, a los que vi caer al abismo implorándome ayuda, mientras yo los observaba indiferente, convencido de que para existir vencedores tienen que haber muchos más perdedores, y, sobre sus cadáveres fundé mi imperio. Y ahora estoy aquí, lejos de todo, en esta paz inmensa, en medio de la calidez que me soporta, rodeado de un azul celestial, en el Edén del que tanto oí hablar y que me aseguraban que era el destino del honrado y del trabajador, y no para granujas como yo. ¡Qué equivocados estaban! ¡Qué lejos de la verdad se hallan los ignorantes cuando no quieren ver! Como si yo no me mereciera más estos placeres que otros, incapaces de creer en sí mismos; que aquellos débiles cuyos rezos no le sirvieron de nada, ni su vida ejemplar y sacrificada de verdaderos imbéciles. No, sólo los hombres como yo se han ganado este premio, los guerreros más fuertes, los más astutos, sólo los más ambiciosos y sin falsos escrúpulos supimos sobrevivir entre tanta sangre para llegar hasta aquí. 
Firmado: Anónimo, Islas Caimán, verano de 2011.
Texto: Marcos Alonso
Narración: La Voz Silenciosa

29 enero, 2012

Alucinación

Cuando estás ahí, un aire impuro y espeso ahoga todas tus esperanzas; las venas de tu cabeza se te hinchan como si fueran a reventar y tu piel se tensa y enrojece haciendo más visible la expresión de odio y rabia de tus ojos.
Siempre hay algo que te invita a levantar la vista, como si quisieras agujerear el techo de la cueva, donde te hallas prisionero, para llegar hasta el cielo y suplicar sin amor, sin nada a cambio que ofrecer. Es entonces cuando te das cuenta del vacío que sientes y hasta qué grado te desprecias.
Chacho, colega, déjate de rollos, ¿me vas a comprar las joyas de la vieja, o no? Que te juro que es para comprarme un aipá de esos. Joo, vaya tela tiene el literato este.
Texto: Marcos Alonso

19 enero, 2012

Los bolsillos


No me gusta mentir, aunque a veces reconozco que se convierte en una necesidad. Sí, a veces tenemos que mentir cuándo las preguntas nos hieren o delatan, o nos arrojan a un pasado que no deseamos revivir. Por eso miento cuando me preguntan por qué llevo los bolsillos cosidos. No me gustan. Les tengo miedo. Es un lugar donde las manos resbalan hasta caer en su interior, como en una cueva oscura sin saber que nos podemos encontrar. Sé que a veces te sorprendes gratamente y te encuentras un billete de 20 euros que lo habías dejado olvidado, incluso lavado y centrifugado. Es en realidad una caja de sorpresas, pero también pude ser la caja de Pandora. Abrir esa caja puede costarte muy caro y tu seguridad y estabilidad venirse abajo, como en un terremoto, sucumbiendo todo a tus pies.
Cada vez que cierro los ojos sigo viendo a la misma niña temblorosa y empapada por la fuerte lluvia, sin tener un lugar donde cobijarse, mientras

12 diciembre, 2011

¿Sabes...?


¿Sabes..? Creo que nos necesitamos. Somos inseparables. Sé que pronto te irás con otros, o con otras, pero ahora eres mío, o mía, da igual. Por unos segundos, o algo más, si hay suerte, estarás unido, o unida, a mí, y ya será para siempre, como un trocito de eternidad. Algo de mí se colará por tu mente escondiéndose como los gusanos hasta morirse en soledad, sin que te des cuenta, sin que eso te importe. No creo, pero siempre hay una posibilidad de que ese gusano inútil, dispensable, aleatorio, preñado de ideas y formas caprichosas, por no decir estúpidas, reviente entre capilares y tejidos nerviosos para derramar miles de larvas por todos los lados, produciéndote un cosquilleo de vez en cuando. Entonces, te darás cuenta que estoy dentro de ti. Sujeto, alerta ante cualquier temporal, agarrado con uñas y dientes para no perderte. Lo sé. Yo mismo estoy plagado de esos bichos tan incómodos y no paro de rascarme. Nunca aprendo, ya me lo habían advertido pero no lo puedo evitar. Es como prohibirte que abras un regalo. Sí, ya lo creo, nos necesitamos. Necesito tu sangre y tú la mía. Somos víctimas y verdugos de esta cadena alimenticia de los caladeros de las noches, respirando entre ceniceros humeantes, soñando despiertos en las madrugadas.
¿Sabes…? Te estoy hablando a ti, lector, o lectora.
Texto: Marcos Alonso
Narración: La Voz Silenciosa

11 noviembre, 2011

Desayuno familiar


Era un día nublado, pero en el interior de aquel hogar siempre daba la impresión de  que resplandecía el Sol durante el fin de semana, y que se extendía un cálido ambiente adormecedor. Como todas las mañanas del domingo, la joven pareja se parapetaba, con sus dos hijos, frente al televisor, aún en pijamas y abrigados con numerosas mantas, mientras los pequeños, como dos cachorrillos,  se empujaban  buscando el calor de sus padres, que los abrazaban y acariciaban mientras ellos no paraban de jugar hasta que comenzaban las noticias. Era el programa  preferido de toda la familia, que provocaba que se excitaran nada más oír la música  de cabecera, manteniendo toda su atención y concentración.  Marta  hacía un intento de levantarse para ir a preparar el desayuno, pero sabía que Jose  la retendría para ofrecerse él. No le importaba, le encantaba mirarlos tiernamente desde la cocina, que quedaba abierta al salón por un gran ventanal y a la terraza, desde donde se divisaba el frondoso bosque que cubría las montañas. Jose disfrutaba con solamente contemplar cómo sus pequeños y Marta se llevaban las manos a la cabeza y reían al ver aquellas graciosas imágenes de la tele. Era sorprendente como gritaba el dictador mientras le arrancaban literalmente los pelos de

21 octubre, 2011

Los hombrecillos


Dicen que los grandes seres que gobiernan el mundo, a veces, se reúnen en secreto en algún lugar del espeso bosque. Llegan desconfiados y temerosos de que los descubran, recelando de los otros, mostrándose hostiles y agresivos, como si tuvieran miedo. Cuando rebasan la puerta principal, se quitan sus pieles y se descubren, para luego salir del interior de sus titánicos cuerpos unos miserables hombrecillos desnudos, temblorosos y asustadizos, de grandes ojos que sobresalen de sus pálidos rostros enfermizos.
Ya en el interior de la humilde casita de madera, bajan por una larga rampa, moviéndose torpemente, chocando

27 junio, 2011

El príncipe azul



Perfeccionista desde que era una niña,  siguiendo los mismos pasos de su madre y su abuela, como si fuese una secta secreta con un ritual sofisticadísimo, colocaba cada cosa en su sitio de la misma manera. El equilibrio y la pulcritud dominaban su territorio y su mente, donde las ideas quedaban ordenadas como si fuese un roperillo. Incluso sus emociones estaban dispuestas de tal forma que no podía sentir si no se cumplían unas condiciones previas. A sus treinta y tantos aún no había tenido ninguna relación amorosa, se había reservado hasta conseguir al hombre ideal, el hombre perfecto. Su príncipe azul, al que había conocido en Internet, surgió de repente al abrirse la puerta de la sala de recogida de equipajes. Era como se lo imaginaba: alto,

12 junio, 2011

El candidato


En el bullicioso mercado, las burbujas escapaban por el patio central como pompas de jabón. Eran burbujas de colores y de un fuerte olor a especias que se mezclaba ncon el griterío: las carcajadas de las mujeres por las ocurrencias del tendero, el enfado del carnicero que reñía a su joven y despistado discípulo, las correrías por la galería entre carros cargados de cajas de frutas y verduras. Un sin fin de colores de todos los matices se realzaban en los puestos con luceros, mientras en los pasillos oscuros los azulejos escondían sus vivos colores como si se reservaran en la cruenta batalla.
            Las miradas se revolvían buscando a los personajes con máscaras, sus sonrisas se dibujaban estáticas sobre la superficie de sus caretas similares a la de los payasos, aunque adoptando gestos solemnes y exagerados. Su verborrea emborrachaba al gentío que se empalagaba de la dulzura excesiva de sus palabras, provocando desconfianza ante tanta adulación. No dejaban

07 junio, 2011

La enfermedad


Nunca fueron suficientes los años perdidos entre algodones, sin apenas salir de la casa; los rezos diarios; las miles de horas vigilantes; las pesadillas advirtiéndoles de todos los peligros o el celo con que fue educado aquel niño enfermizo. El médico, Don Celestino, fue siempre muy preciso y categórico: al menor síntoma sería necesario ingresarlo en el Hospital, su salud correría un grave peligro.
Con los años, también, se fueron marchando la gente y aquel pueblo fue envejeciendo con los vecinos que quedaron. El niño se convirtió en un hombre, pero sus padres, precavidos, permanecían vigilantes, como hacía veinte años. Al final de la primavera, la savia, al igual que el deshielo hace correr con ímpetu a los ríos entre los cañones, como un torrente, hace brotar con fuerza la naturaleza y la sangre parece descongelarse para volverse caliente. El aire se perfuma y llena a los lugareños de sensaciones indescriptibles.
Su olor a jazmín, dulce y penetrante, le llegó cuando despertaba una mañana. Se asomó a la ventana de su castillo de marfil, la vio subir por la colina, con su pamela achampanada, de la que escapaba su larga cabellera azabache, que ondeaba al viento, alegre y festiva. Sus grandes gafas de Sol cubrían un rostro angelical, cubierto de pecas que salpicaban su blanca piel delicada.
Su corazón dio un vuelco y sus palpitaciones galoparon inesperadamente. Su madre lo presintió y fue hasta su habitación y, tras dar un grito, corrió hasta el teléfono, marcando angustiada las teclas: “!Don Celestino, Don Celestino…mi hijo se ha vuelto a enamorar!

Narración: La Voz Silenciosa

04 mayo, 2011

He vuelto a morir


Cuando morí anoche, no me acordaba que vivía en un sueño, mi refugio, el lugar donde mi imaginación descansa sin dejar de sonreír, donde mis emociones se burlan de la realidad, como si estuviesen ebrias y excitadas, donde el cuerpo se libera de las líneas que lo encorsetan y se difumina, volviéndose etéreo y perdiendo esa pesadez que lo hace sólido. Sin ningún tipo de tratado, yo renuncio a cualquier forma de luchar contra mí, extendiéndose una tregua de largos veranos.
Pero anoche, sin previo aviso, se abrió la puerta de la libertad y una luz barrió toda mi esencia, proyectándose sobre la superficie del espejo, como un vendaval lleno de furia y rencor. De pronto todo quedó en medio de una oscuridad silenciosa y fría. El tiempo se congeló, el espacio se deshizo como si nunca hubiese estado allí y el tic-tac del viejo reloj enmudeció.
Anoche, cuando morí, desaparecí para siempre en el preciso instante en que desperté.


Narración: Jose Francisco Díaz-Salado

03 febrero, 2011

Tributo


Los más pequeños no dejaban de corretear por la plaza, que estaba abarrotada de gente, ocultándose entre los adultos de sus perseguidores. Los hombres bromeaban y reían entre ellos, disimulando su nerviosismo; las mujeres, en cambio, cuchicheaban con rostros muy expresivos, con sus ojos muy abiertos, mientras se llevaban, angustiadas, la mano al pecho o se tapaban la boca, como si no quisieran que las oyeran; las madres contemplaban con una desconsolada ternura a sus pequeños y a sus hijos mayores sin quitarles la vista de encima, en ese afán protector contra los peligros, siempre amenazantes; a sus hermanos y amigas inseparables; a sus maridos y, de reojo, a sus cómplices amantes; al abuelo, ajeno a todo lo que pasaba; a la abuela, digna y resignada…
El murmullo fue aumentando, como si rebozara, a lo largo de la tarde, cuando el Sol ya caía sobre las montañas del oeste y un viento frío barría las hojas secas del otoño. De repente, se oyó un gran golpe, seco y hueco, que hirió de muerte el lugar y el silencio inundó el pueblo. Las frías calles, que iban hasta la plaza, quedaron enmudecidas. Todos parecieron congelarse, permaneciendo inmóviles. En sus rostros tensos, donde se adivinaban