15 noviembre, 2009

. . . A P E S A R

A pesar de tus desgarros; vida insomne, deseo tenerte hasta lo insaciable de mis días, hasta la última agonía te tendré dentro mío y yaceré queriendo volver a nacer. . .

Hoy te amo más que nunca pues no creo en Dios, ni en la palabra dicha, ni en los símbolos esclavizantes que atraviesan el tiempo y lo hacen sangrar con sus fechas y su días conmemorativos de una inteligencia homogénea, ni en el halo del macabro o los macabros que lo sujetan ardiendo en ellos la victoria falsa y mil veces falsa de un poder que caerá, su regocijo tampoco me importa,
 
Vida insomne; yo te amo a ti!

A pesar de la muerte que nos acecha

A pesar de la muerte a quien vi la cara, estrangulado día, frialdad entumece dora de las máquinas parlantes que te acosaban de noche de día de tarde tus gemidos de dolor fatigados que pronosticaban tu muerte.

A tu cara la vi y jamás la olvidaré

Por eso muerte amo la vida

Por eso vida deseo la muerte

por tus pequeños desgarros de todos los días, las miradas frías opacan el silencio brillante, minúsculo entender de la existencia, indomable fervor de mi misma; hacia el cielo las estrellas y los astros nos ignoran, pequeños seres con la luz de los ojos apagados y la visión de uno mismo intuyo olvidada para siempre.

A pesar de ello, de tus desgarros color cal, sabor azul del cielo de Pacasmayo; cielo más que azul; ultramar, vi la estrella que te alumbra, la misma que me toca la cabeza y me dice es hora de seguir con el carbón, el pincel, la canción, la voz, el papel, el viento y el azur de las miradas, la contemplación de los años que fugan a la velocidad fatigante de querer aprehenderlos o detenerlos y el deseo indomable de querer ser eterna.