22 mayo, 2017

Las Doñas

Asisten gustosas al brunch de las doce en el Country, al que convoca todas las semanas el Club de Damas Piadosas. El motivo de la reunión es algo de caridad, infancia desfavorecida o algo así, pero ninguna lo sabe con certeza.

La verdad es que se trata de matar las horas de la mañana y de relacionarse, de verse, compartir una refrescante mimosa y hablar las unas de las otras y vice-versa. Con ese ingenuo pasatiempo se justifica el día en los círculos de la créme.

Las doñas llegan puntuales al club montadas en inmensos vehículos de lujo, y a pesar del tórrido sol exterior todas muestran una piel nívea, hidratada, de una jovial tersura. Doña Scarlet, Doña Hilda y Doña Fifí, son habituées y no tienen otros compromisos que los sociales, ya que todos los flancos de su existencia están holgadamente resueltos por rentas y pensiones de maridos y exmaridos, por lo que disfrutan de una placentera existencia tan sólo interrumpida por el stress que les proporciona la administración de su villa de Casa de Campo y la disciplina del fitness que les proporciona las formas justas para enfundarse sus vestidos de la haute costure.

Texto e ilustración: Carlos de Castro

20 mayo, 2017

Serie adelgazando 3

He entrado en ella, lo he hecho de forma suave y poco a poco sin agredirla. Es delicada. Toco con mis manos, no! con mis dedos, sus partes sensibles sin forzarlas. Es ella quién me condiciona y me martiriza; es por ello que la quiero menos sensible a mi fuerza. Mis huellas dactilares se posan con suavidad sobre ellas y las retuercen ligeramente, haciéndolas perturbarse, resistirse.
Lo he realizado con motivo, no quiero engañarme y en el fondo de mi mente conozco la realidad y sus consecuencias. Sé que lo que ahora me enseña no es cierto, el valor que me muestra no es la realidad. Lo conozco y yo lo he provocado. Nunca podré fiarme de ella pero sé seguro que estará siempre para soportar el peso que me atormenta.
En cristiano, he modificado la tensión de las galgas extensiométricas de mi báscula, he profanado el templo, he violado a mi dueña, he soltado sus tornillos, la he desmontado, manipulado y ahora, ahora la adoro, la acaricio sin pudor, apoyo mi cara sobre ella mientras los segmentos que conforman el mensaje celestial que me muestra es el display del verano. Delgado, autoengañado pero delgado.

Texto: Ignacio Alvarez Ilzarbe

08 marzo, 2017

La mejor decisión

Harto ya de jugar con el dinero ajeno, de amasar beneficios y transferir saldos a lejanos paraísos fiscales en nombre de otros, harto de una vida frenética en pos del lucro y de las satisfacciones del dinero, un buen día el viejo financiero decide dar un vuelco a su vida. Abre la caja fuerte de la empresa y retira un sobre que coloca en su maletín con cuidado. Su tesoro.
Lo ha pensado por meses, esto no es vida, debe de haber otra, dice para sus adentros, y tras purgar su conciencia como las tripas de un caracol, abandona lo que siempre ha hecho y prepara su mente para abordar su sueño.
Con su maletín y su paraguas como único equipaje acude al muelle portuario, y busca entre el reverbero de luces y sombras que proyecta el sol de la tarde en las tornasoladas aguas del puerto. De lejos, junto a otros, reconoce la silueta de un barco, un viejo ferry de pasaje que con el vaivén de su proa parece saludarlo.
En la escalerilla un agente lo detiene. Se ha producido un robo, han asaltado la caja de su empresa, abra ahora mismo el maletín. No llevo nada contesta y muestra en el interior una foto en sepia con un número de teléfono escrito en el reverso, ajada y desvaída, y un ticket de embarque a las Antillas.
No he robado dinero ni valores, cuando llegue al destino marcaré sólo este número y alguien vendrá. Ese será mi mayor beneficio, mi plusvalía. 

22 febrero, 2017

Especulando con la fé

Cuando la desolación nuble mis solitarios espasmos de alegría y no quede un resquicio limpio de amargura entre la comisura de mis labios y el inasequible lugar donde se torturan las invisibles figuras que sobrevuelan mi imaginación,
Cuando el dolor marchite de color taciturno los fortuitos rubores de dicha y una serpiente de millones de brazos ponzoñosos me atraviese sin detenerse engullendo cada todavía palpito,
Cuando el apresurado cansancio rodee ágil mi ajada respiración sofocando espasmos de subsistencia y el impuro hálito alimente con viejos legados estertores inconclusos,
entonces, me arrastraré de nuevo para descubrirte, voltear tus recuerdos con la difícil empatía y despertar tu amor anestesiado. Y volver a vivir.

Texto: Ignacio Alvarez Ilzarbe

30 octubre, 2016

Cambio

Otro golpe de azada y la tierra se abre, se desmigaja, agrietada. El polvo se asienta en la frente del encorvado, adormeciendo el sudor, el haya la absorbe en los brazos extenuados, secos. Descansa la mirada en la perspectiva alineada de su árida posesión; alza la vista parpadeando con la debilidad del tiempo, con equinoccios desorientados, con el fraile enrojeciendo de sus predicciones equivocadas.
La espalda doblada, quebrada, como el terreno. Viejas las manos, sus venas nervudas encepadas con las raíces de su apero, trabajando la achacosa madre. El cielo ya no le habla con claridad, yerra en sus guiños, se retuerce entre torbellinos alocados susurrando ininteligibles augurios. Enfriando su dorso descubierto.
Otro golpe de azada y la humedad no brota. El cauce, dilatado en partos abruptos, languidece en necesidad. La experiencia se agosta, la costumbre se ha marchitado y la mirada se pierde buscando el lecho húmedo y fresco que hace poco lamía su solar; y se detiene pasmada en el linde invasor de los vergeles abrigados, en los océanos deslucidos que esconden semillas inteligentes, esmeraldas vacías e insulsas, en otro “el dorado”, en la dilatada vega donde germina el fértil caudal de pocos y el hambre del futuro.
Al temprano anochecer, el cuerpo sentado observa las estrellas. Confusas. Perplejo.


Texto: Ignacio Alvarez Ilzarbe

14 octubre, 2016

Tonos deseperados

El teléfono de los parias, nueve pulsaciones a ritmo. Espera la voz suave que muerde mis labios con agresividad. El tono desesperado golpeando mi humillación. Sabor de la carne que corta, desgaja la pala, que viene y va, cubriendo mi ataúd. Sabor viscoso, templado, son todo alertas. Nuestros dientes chocan tratando de emular el engranaje de nuestras lenguas, sin rozarse, a través del aire. Un golpe de sabor a tabaco, un resuello brutal de gustos y alientos mezclado, lubricando el viento, el aroma sutil que desprendes en mi ansiada pesadilla. Real, tu voz. Saliva y un hilo sanguinolento entre las comisuras, ahora pausadas tocándose, respiran apoyadas. Un olvidado acné, supurando miel entre nuestras temblorosas piernas. Lamer sus empentones, oliendo su orgía creciendo, apagando la mía hasta maridarla con el vaivén acompasado. Gritos ahogados en las bóvedas de nuestros paladares, discordantes los acelerados latidos resbalando con el sudor. Rojo. De un barniz brillante, manchado con la tierra desgarrada que lo va cubriendo, cada vez que el susurro me excita. Suena 4 veces, como un puñetazo; tiritando cuando la voz me agarra, se escurre entre mi calentura, su seducción burda me deshiela. Desgarro la muerte matándome.

Texto: Ignacio Alvarez Ilzarbe

04 octubre, 2016

Presentación de “Lecciones de Asesinos Expertos”

Género Negro, Francisco Concepción, la Esfera Cultural, asesinos
Lecciones de Expertos Asesinos
ISBN: 9781326793890
Precio: 15,90€
Este próximo sábado, 8 de octubre, tendrá lugar dentro del marco del festival de género negro GranadaNoir la presentación de “Lecciones de Asesinos Expertos” Una antología de 18 relatos inéditos que reúne a algunos de los autores más destacados del género negro y criminal en España.

Escritores como Juan Madrid, Víctordel Árbol o Francisco Concepción... seguro que sienten algún tipo de empatía hacia los criminales y asesinos, la sangre les produce excitación y la muerte magnetismo. De lo contrario, sería impensable que nos ofrecieran las “lecciones para asesinar” que contienen sus páginas.

Los 18 expertos asesinos son: Juan Madrid, Victor del Árbol, Empar Fernández, Juan Bolea, BernaGonzález Harbour, Laura Balagué, Carlos Bassas, Ana Bolox, Francisco Concepción, Vicente Corachán, Rafael Estrada, Rafael Guerrero, Susana Hernández, Carmen Moreno, María José Moreno, Clara Peñalver, Anxo do Rego y Cristina Amanda Tur. 

La coordinación de la edición ha sido a cargo de Solo Novela Negra
Asesinos, comprar, libro, Lecciones

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Info del acto:
Sábado 8 de Octubre, 17.30h.
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02 octubre, 2016

Confidente

Me acerco despacio, mojándome los dedos, primero. El agua está tranquila y la rompo. Las aristas romas de los guijarros se me clavan sin dolor en la bóveda, en las arrugas gruesas, entre la piel zafia, acartonada alrededor del arco de mis pies. No tengo sensación de frio. Es verano y aunque me atrevo en el remanso, el cauce es pobre y la tierra encendida es más fuerte.
Y me agacho, justamente para humedecer mis manos, robando un canto ceniciento con lunares negros. Al sacarlo, se ennegrece con una neblina breve y brillos tristes, mudando a una áspera patina gris apagada.
Lo miro lentamente, un pellizco refrescante en la palma de mi mano, tan efímero; un roce hurgando, rastreando un defecto en su cubierta; sin sonido; sin olor apreciable.
Cierro los ojos. Tontamente, la acaricio, con mi puño cerrado, con los latidos, con el pensamiento. Sin sentido, le susurro, todos mis secretos, cerca de mis labios taciturnos. Un momento largo, con ritmo grave, casi sin pulso.
A mi alrededor no hay nadie. Busco despacio, aliviado, inquieto, sosegado,… confundido. Sigo borroso y con la vergüenza de que pueda desvelarlos, la oculto entre la regata, entre los demás, anónimo, sin miserias, sin excentricidades ni diferencias. Lo guardo enmascarado, a mi imagen y semejanza. Como yo.


Texto: Ignacio Alvarez Ilzarbe

28 septiembre, 2016

La última cerveza

Paseo, como cada día, pastando el aire. Viciado con el ronroneo de la ciudad. Tranquilo, arrastrando mis pensamientos, sin sudar por el esfuerzo; van despacio.
Sin gafas, atrapo su guiño a través del escaparate. Y eso que está al fondo, en la última mesa. Acompañada de un plato, rebañado, con trozos de migas. La veo desnuda mostrándome todos sus secretos. Y vuelvo a revolcarme entre mis pesadillas.

Paseo, pisando mis huellas sin mirarlas. Y atravieso el local, hasta sentarme a su lado. Caen mis ojos con cuidado y ciego a mi entorno y a mi vergüenza. Refresco mi memoria y me atrevo a repetir mi pasado.

Nervioso y decidido, rodeo con mis dedos arrugados por la amnesia obligada de estas sensaciones su cuello. Fresco, terso, aprieto con fuerza. Son sus labios húmedos los que atrapan los míos resecos. Estiro mi columna para atrapar su jugo con desesperación, que me abrasa helado.
Paseo, vacío, otra vez. La olvido, de nuevo, vacía.

Texto: Ignacio Alvarez Ilzarbe

24 septiembre, 2016

Acojeja sí aparece en los mapas

Crítica de "Crónicas del Acojeja"


Título: "Crónicas del Acojeja"
Autor: VV.AA.
ISBN: 978-1-326-72864-9
Páginas: 138
Y no sólo en los mapas tradicionales, a partir de ahora, este pequeño pueblo tinerfeño y su bar y sus gentes novelescas, estarán presentes en los mapas imaginarios que guardan en el subconsciente, aquellos lectores que han tenido la oportunidad de leer Crónicas del Acojeja, un libro de relatos escrito por nueve autores, la mayoría naturales o residentes en Tenerife: Miguel Ángel Brito, Amando Carabias, Francisco Concepción, Teresa Giráldez, Ángeles Jiménez, Ana Joyanes, Dácil Martín, Belén Valiente e Inmaculada Vinuesa. Prácticamente todos han escrito y publicado poesía, cuento, relato, novela, además de participar en novelas colectivas y antologías literarias.

Proyecto eminentemente colectivo, en el que un grupo de artesanos de la escritura, han cimentado y recreado un mundo rural, fronterizo con otro mucho más fantástico, un mundo original y único que sorprende por la abundancia de personajes y de elementos que lo componen. Aún teniendo en cuenta que puede haber tantos puntos de vista, como autores han participado en el proyecto, el resultado final deja un poso a sabiduría popular, entre realista y utópico, como si estas gentes casi abandonadas en un pueblo apartado sean capaces de encontrar su propio camino, sin apelar a la necesidad de engancharse a la ortodoxia o a los principios que rigen las relaciones humanas. Aunque no se puede decir que se trata de un libro escrito a dieciocho manos, (estamos hablando de relatos) tampoco debemos olvidar que el resultado global de Crónicas del Acojeja, denota cierta armonía en el criterio, dejando al lector la sospecha de que ha estado inmerso en muchas historias que convergen en una más vital: las vivencias reales o ficticias de los habitantes de Acojeja. Por supuesto, cada relato tiene vida propia, pero también es verdad que, como si de capítulos estructurados se tratara, todos enlazados crean una atmósfera muy singular.

Para sacar adelante un proyecto de estas características, se supone que los participantes han mantenido numerosas reuniones para coordinar ideas, también se supone que teniendo cada autor su propio estilo, en algunos casos muy evidente, habrán asumido, en algunas ocasiones, un ejercicio de compromiso colectivo con el objetivo de alcanzar un consenso que facilitase el resultado global del libro. No obstante, entendiendo que la diversidad suele ser enriquecedora, (hay un relato con innegables tintes poéticos), estos contrastes estilísticos, incluso pueden ser un aliciente para realzar la visión general.

Francisco Concepción Álvarez,
Los autores de la Obra de izquierda a derecha,
arriba: Dácil Martín, Miguel A. Brito, Francisco Concepción
y Ana Joyanes. Abajo: Ángeles Jiménez, Teresa Giráldez,
Belén Valiente e Inma Vinuesa. Falta Amando Carabias
.
Dieciséis relatos en los que concurren una serie de protagonistas y de circunstancias que sirven de nexo para engarzar las crónicas del bar Acojeja, situado, como dice la introducción del libro, “al borde de la Carretera General del Sur”, en una zona alejada de algunos de los peligros que comporta la civilización, pero no exenta de otros muchos problemas e intereses que inquietan a los seres humanos. Un bar que, como encrucijada y termómetro social, lo mismo se instala en la tristeza por una muerte absurda, que en la algarabía por una diva del cine.

Como ya se ha comentado, Acojeja, es un lugar donde lo rural y lo fantástico se dan la mano, y como ejemplos, el futuro lector puede descubrir por qué una puta no puede enseñar su pecho izquierdo; qué secreto culinario trasmite una madre, antes de morir, a su hijo; por qué un cura recién salido del seminario es desterrado al pueblo apartado; qué animal es el único testigo de encuentros furtivos; cómo un médico jubilado pierde la tartamudez; qué sueños repetitivos puede tener una maestra que para los vecinos del pueblo pasa casi inadvertida; qué descubre un niño, casi adolescente, el día del entierro de su abuelo; por qué compiten dos amigos que se emborrachan en el bar; por qué un cartero es el mejor conversador siendo, a la vez, parco en palabras; por qué el corazón de una mujer puede querer a dos hombres a la vez; por qué un niño se refugia en