19 abril, 2010

Mi única oportunidad


Iba caminando pegado al muro donde el mar batía fuertemente sus olas, el agua salada me salpicaba la cara, y el sol me hacía sentirla reseca.
No quería parar de caminar, necesitaba alejarme rápidamente de ese lugar maloliente donde, por desgracia, me había tocado vivir.
Era un pueblo pequeño, pesquero lleno de gatos gordos que diariamente engullían los desperdicios que los pescadores tiraban en el puerto. Yo odiaba a los gatos y estos se multiplicaban al lado de mi casa como una plaga incontrolable.
¡Si hubiese aprovechado aquella oportunidad!, fue la única vez en mi vida que había estado ilusionado por algo que no oliera a bacalao o sangre de caballa.
Era el mejor estudiante de mi clase, todos mis profesores se enorgullecían y me proclamaban ejemplo a seguir, pero la beca, creo que mi padre no sabía ni lo que significaba esa palabra, se pasaba el día rodeado de anzuelos, y pesando las capturas para ver si podríamos comer al día siguiente, ¿cómo iba a saber que una beca era la oportunidad de salir de ese su mundo?, si para él la prioridad era que le ayudara cada día a cargar más y más cajas.
No supe convencerlo, no supe escaparme, no realicé mis sueños, y aquí me tienen enfundado con un delantal de plástico, lleno de escamas, con la cara acartonada, y convencido de haber tirado mi vida por la borda...
Mañana tengo que darle de comer a mis hijos con la captura del día, no podré sentarme a ver el horizonte, ni podré seguir mirando atrás, a lo que pudo haber sido y no fue.
Texto: Inma Vinuesa
Narración: La Voz Silenciosa