18 julio, 2011

La deuda

Tengo una deuda, que arrastro de siglos,
tan vieja como la vida.
Eternamente impagada e impagable,
por extensa y desmedida.

¡Ay, qué extrañas cuentas tus cuentas
y qué extraño es tu querer!
Todo lo sumas, nada me restas
y nunca sale a devolver.

Tengo una deuda que me encadena
y a ti me hace volver,
para hollar la tierra que tanto amas
y tanto me ha visto nacer.

¡Ay, qué extrañas cuentas tus cuentas
y qué extraño es tu querer!
Por verme, aumentas lo que debo;
Y por verte, lo dejo crecer.

Tengo una deuda, que arrastro de siglos,
tan vieja como la vida
y extensa como un mar.
Sólo con amor se paga, y no la quiero saldar…

Gregorio Sarmiento Acosta