07 agosto, 2011

El circo de la vida


De niño le embelesaba el circo. Acabó siendo su pasión, su vida. Un día se enamoró de la Mujer Bala, ella le atravesó el corazón. Mudó de piel, convirtiéndose en su payaso particular, en un vulgar tragasables. Eso sólo fue el principio. Con el paso de los años ejerció de malabarista de ilusiones, deambuló como trapecista de sentimientos, de acróbata de los deseos. Toda su existencia transitando por el alambre. Probó de ilusionista de anhelos, de titiritero de esperanzas, de escapista del desamor. Aplausos pocos. Lo intentó como adivino, mago sin chistera. Motociclista de utopías, contorsionista de quimeras, zanquero de fantasías. Siempre en la red. Un día ella se marchó, sin despedirse; el tragafuegos desapareció esa misma noche. Siempre fue una mujer muy pasional. Él sigue ahí, en la pista, haciéndose el forzudo, doblando olvidos, domando problemas. Todos saben que sólo es un mentalista del abandono, un equilibrista de los recuerdos. Únicamente un saltimbanqui de la vida. El corazón zurcido, recosido, remendado. De chaval le embriagaba el circo, que comience la función. Cosas del amor.

Texto: Xavier Blanco
Narración: La Voz Silenciosa