08 agosto, 2011

La duda del Superhéroe

El Hombre Sol se levanta a las siete de la mañana para ir a trabajar. Mientras desayuna piensa en su traje de superhéroe: hoy hace un año que lo colgó en el armario.

Ese día, los políticos de la ciudad habían reunido al comité de superhéroes y a la jefatura de policía. Explicaron que la captura del Huracán Negro había sido un éxito, pero que su detención creaba más problemas que soluciones. Las empresas legales del villano daban trabajo a tres cuartas partes de la juventud local, y las consecuencias ante una quiebra podían ser imprevisibles. La realidad era que los políticos recibían mucho dinero de empresarios afines al Huracán a cambio de favores. Los policías protestaron: no querían poner en juego su credibilidad, y además no ganaban nada dejándole ir. Los políticos ofrecieron una campaña de lavado de imagen y fondos ilimitados para la rehabilitación de las viejas viviendas policiales. Además, habían pactado con el abogado del Huracán Negro la entrega del número dos de los villanos para calmar los ánimos. Eso daría oxígeno a todos, sin descartar la posibilidad de
nuevas detenciones, siempre de villanos de ! segunda fila pero populares, al fin y al cabo. Después de muchas horas de deliberación, políticos y policías llegaron a un acuerdo que beneficiaba a ambas partes. Los superhéroes optaron por el silencio: no estaban a favor del acuerdo, pero la denuncia de esa operación podía desencadenar una protesta civil que desordenaría la estabilidad de la zona y su propio rol social.

Todo eso fue hace un año. Ahora el Hombre Sol, que cegaba a sus adversarios iluminando su cuerpo, recuerda cómo ese día, al volver a casa, colgó el traje y se retiró sin avisar a nadie. Buscó un trabajo en el que realmente pu-diera ayudar a los demás, hasta que encontró una vacante en un comedor social. Durante los primeros meses trabajó con ilusión, pero ahora ya no es lo mismo. Sirve platos a los vagabundos sin dejar de pensar en el contrabando de comida que presencia día a día. Todos callan, porque todos se llevan su parte. No sabe qué hacer. En el fondo de sus pensamientos reluce el traje del Hombre Sol. El admirado Hombre Sol, el superhéroe.

Texto: Álex José Recoder