21 agosto, 2011

Tarros de luz

En aquella extraña tienda se prestaba cualquier producto que uno necesitara con urgencia. Esperaban expuestos en las estanterías: botes de risas, de abrazos, tarros de luz... 
Aquel día Amanda ansiaba la luz solar. No soportaba tener que vivir en un lugar tan frío y triste. La mortecina claridad la convertía en un ser anodino. Necesitaba la energía de los rayos del sol. Quería pasear y vibrar con los brillantes colores del verano que no podía disfrutar. Sentía nostalgia de su tierra, allá en el lejano sur.
También se llevó la luz de la luna llena para colgarla de su ventana, por si le apetecía bailar descalza, y la brisa del mar, para que la acompañara.

Texto: Magdalena Carrillo Puig
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