05 septiembre, 2011

Aquel sábado lluvioso

Que Amando Carabias María es un gran escritor hace tiempo que lo sé. Un escritor con dominio de la palabra, de la imagen y del argumento, que dosifica con sensibilidad y fuerza a un tiempo.
Pero hasta que no he tenido entre mis manos “Aquel sábado lluvioso” no he podido disfrutar de su madera de dramaturgo.
“Aquel sábado lluvioso” no es una obra de teatro, pero podría haberlo sido. Tampoco es una recreación histórica ni una novela de las que se anuncian como “basada en hechos reales”. Tampoco es, por completo, una novela de ficción.
“Aquel sábado lluvioso” es la crónica de una jornada, la del viernes al domingo después de la muerte de Jesús, contada desde dentro.
De la mano  —por la voz— de Juan, asistimos al transcurrir de
las horas siguientes al suplicio del Nazareno, nos colamos en los cuartos donde sus amigos aguardan a que pase el sábado, desolados, aterrorizados ante la posibilidad de sufrir su misma suerte, tristes, tan tristes como la lluvia que hace de telón de fondo al relato.
A través de los ojos de Juan vemos los movimientos de cada uno, escuchamos sus palabras, sentimos sus temores, su desesperanza, los vemos rebelarse o aceptar su destino.
Con maestría de dramaturgo, Amando Carabias desarrolla los sucesos de los días previos, de años anteriores, a través de los relatos de cada uno de los presentes en la casa donde se reúnen, casi, esconden, a la espera de que amanezca el primer día de la semana.
Nos encontramos con Juan y María, María la de Cleofás, Iago y Simón, Cefas y Tomás, Nicodemo, Marcos, Salomé, Matías y Barnabás, Andrés y Leví.
Por la boca de María, la madre de Jesús, conocemos hechos del pasado que cobran significación en el presente aparentemente sin esperanza a que se enfrentan los protagonistas. Ella va guiando a sus compañeros, con su discurso esperanzado, siendo, a veces, tachada de loca, pero siempre respetada y protegida por el grupo.
Por Nicodemo, los discípulos conocen, y nosotros con ellos, las atrocidades a que Jesús es sometido frente al Sanedrín, las argucias a que los sumos sacerdotes recurren para sacudirse de encima a un rival peligroso.
También conoceremos la reacción de los poderosos romanos, la de Herodes. Todo, narrado desde un punto de vista tan cercan que nos parece estar asistiendo a sus debates.
Por Malco sabemos que la ciudad es tan peligrosa para los discípulos como ellos mismos sospechan y por Matías conocemos los planes de los seguidores de Jesús para ayudarlos a escapar.
A través de Tomás podemos sentir el pánico a sufrir su mismo destino, por sus confrontaciones con sus compañeros podemos palpar la tensión, las dudas, los vaivenes del pensamiento, de los sentimientos, de cada personaje.
Porque lo que Amando Carabias ha conseguido en “Aquel sábado lluvioso” es meternos en la piel de cada uno de los personajes, con sus dudas, sus miedos, resquemores y culpas, con su necesidad de creer que todo lo que sucedió tuvo un sentido, que el futuro lo tendrá. Los pensamientos y las palabras de cada uno de ellos nos desvela a seres complejos inmersos en circunstancias extremas.
Pero no solo tenemos en “Aquel sábado lluvioso” una fina disección del alma humana, sino que encontramos pasajes de la historia exhaustivamente documentados con pericia de exégeta, así como la recreación de una época y una ciudad tan detallada que podemos deambular por las calles de Jerusalem, salir por sus puertas, dirigirnos hacia el Gólgota o el Templo como guiados por Google Maps.
Mi recomendación: si podéis conseguir “Aquel sábado lluvioso”, leedlo. Encontraréis una historia que no por conocida deja de sorprender, una prosa elaborada y eficaz, con su justa dosis de lirismo, un acertado análisis psicológico y, me atrevería a decir, sociológico, una estructura dramática perfectamente ajustada y, sobre todo, emoción.
Crítica: Ana Joyanes