16 octubre, 2011

Cementerios

Laberinto de silencio y dolor ajeno,
Callejuelas melancólicamente angostas.
Donde el sol calienta pastos y cemento,
aquí todos somos iguales, llegada la hora.
Morada de carnes que serán polvo,
fin de un camino, con entrada sin salida.
Mezcla de olor a vida y a muerte,
la verdad y la mentira bajo el mismo suelo.
Aquí señores, ya no hay sueños;
alquileres costosos por miedo al misterio,
para no sentir a los nuestros tan lejos.
A menudo el olvido ronda este cielo,
se pierden los nombres detrás del tiempo.
¿Cuál es el cementerio?
El de los muertos sin cuerpo,
O el de los cuerpos muertos.


© Gastón Pigliapochi