28 diciembre, 2011

Gula

Desorientado, errando en el cortejo de bienvenida, desvío mi atención a la mesa del comedor, suculenta muestra copiosa de alimentos.
No hay mirada más allá del pan, las ensaladas, los deliciosos crustáceos, las inventadas recetas multicolores, el pavo, el cordero.
Me abstraigo de la conversación, mis manos se abalanzan para llenar el plato. Me incorporo, extiendo el brazo, mi cuerpo se elonga hasta alcanzar el último de los manjares descritos. Y me hablan y yo ignoro, absorto de lo que me rodea, devorando y embuchando, me atiborro, me empapo, me lleno, me sacio, vomito y continúo.
Imparable ansia que me desborda, incesante sonido masticando placeres, inevitable tentación que desmiembra la cordura.
Rebosado de lengua, de sabores penetrantes, gusto insaciable que envuelve mi existencia hasta terminar recostado sobre mis propios jugos, chorreando saliva, dormido de indigestión. Ignorando los ojos extraños que salen de sus órbitas, incrédulos, asqueados, desvaídos, indignados por la congoja, olvidados... Engullidos.
Texto: Inma Vinuesa
Ilustración: Segismundo Rey