07 enero, 2012

Una tarde gris


Ayer vi a un hombre descalzarse y abandonar sus alpargatas raídas como señal de rendición; luego se sentó a orillas de su desesperación, con los hombros ligeramente inclinados, las manos apoyadas en el suelo como quien sostiene sobre sus espaldas el peso de innumerables derrotas; cabizbajo y reflexivo parecía meditar sobre cada uno de los sueños muertos en tantas batallas libradas sin éxito; sus pies colgaban descalzos balanceándose sobre las turbias aguas del abandono y fue entonces cuando la tarde conmovida y solidaria se desnudó abandonando sus colores y poco a poco se vistió de gris.
Mi amiga me dijo, que ya estaba yo otra vez fantaseando con las vidas ajenas, que aquél hombre solo estaba tratando de refrescarse en la fuente porque la tarde-según ella- había estado soleada y calurosa, que luego, simplemente se había cubierto de nubes. Yo me uní a la tarde y guardé silencio.
Texto: María Isabel Machín García
Narración: La Voz Silenciosa