15 octubre, 2012

Prefacio de la Antología Poética de Elvira Daudet (1959-2012)

Notas de acompañamiento, las define ella. Y eso es lo que realmente es; un seguimiento de su mano por los poemarios dictados por la vida misma. La primera frase a la que se refiere y que constituye el primero de los versos que luego fueron, da idea de la intuición lírica y poética que tenía a los diecisiete años. Esa que ya pervive al paso del tiempo. “Me ha nacido entre tu boca el mar”. Una hermosa mentira, en sus palabras. Acaso la poesía consista en esto, hermosas mentiras que llegan casi con dolor al corazón. Valiente Elvira, con la autoestima por las nubes. Solo así y por las circunstancias que nos cuenta, se entiende su éxito temprano.

Éxito, que ya le vino dado en su segundo libro, por ese premio que fue tan simple como encontrarse en el momento y en el lugar adecuado. A veces la suerte juega buenas pasadas. Así se sintió poeta, aún dudando como duda todo el que escribe y, se desnudó literalmente en el naufragio del amor. Luego vino “El Don desapacible”, que ella califica como uno de sus mejores libros. El dolor y la pérdida sacan los recursos del poeta de donde ya no hay, de eso estoy segura. Todavía creía en la crítica literaria, como periodista que es, sin embargo nos cuenta lo que sospechamos muchos. La poesía pasa desapercibida. Ni los de apellido compuesto tan habituales en la época se molestaban. Ramón Irigoyen que la reseñó en su día, presenta esta antología. Nuevamente la vida

juega sus cartas.

Elvira dice de “Terrenal y marina” que es su obra más vacilante. No lo creo; es exactamente lo que dice ser, el alma frente al mar y enraizada en la costa. ¿Cómo puede ser su obra temerosa, cuando dice que los poemas surgieron por primera vez de forma espontánea? Y esa naturalidad es la que nos alcanza a todos.

Con “Laberinto carnal” aparece la Elvira más humana, rabiosamente dolorida con la humanidad, los años vividos hacen mella y vuelve la mujer que quema etapas. La que siempre fue rebelde, pero quizá no le dejaron serlo. Ahora es libre para escribir cuanto ve la profesional, pero ya no en prosa. La poesía invade todo. “Cuadernos del delirio”, ¡qué título espléndido!, afirma la Daudet que será su último libro de poemas. Solo queda esperar. En todo caso, no se puede escribir acerca de esos cuadernos. Imprescindible leerlos de su mano.

Crítica: Isolda Wagner