23 octubre, 2012

Un reto (31) Hay un hombre sentado al piano

Hemos vuelto a coincidir en el ascensor. Ni una palabra, ni siquiera has reparado en mi presencia. ¿Recelo, aprensión, tal vez prejuicio? No importa, me arrebata tu piel blanca y esa línea rojo carmín con la que dibujas tus labios. Cada noche te observo desde mi ventana,  como si fueras una codorniz de cristal pintada sobre un cuadro perfecto. Luego cierro los ojos intentando aquietar el ruido, diluir el negro, preservar mi clarividencia del abismo. Nada, todo es artificial silencio. La luz de la lámpara ilumina tu anatomía desnuda y ese brillo marmóreo me desgarra por dentro, como si un cantero cincelara mi cerebro golpeando con su maceta un punzón afilado. ¿Escuchas? mis dedos sollozan y, sobre la pared del patio interior resuena, huérfano de público, el eco del piano. Tu rostro de ángel regresa a mis pupilas. ¿Cómo evitarlo? Lo sé, volveré a matar.  Quizás mañana. 

Texto: Xavier Blanco
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