05 octubre, 2012

Venganza


Él no me ha visto. En este preciso instante de silencio, frío y tumbas, podría romperle el cuello para siempre: así pagaría su afrenta. Al fin confirmo mis sospechas. Al fin sé que no me equivocaba cuando husmeé su engaño por vez primera, aunque ella siempre negara todo. Ahora sé que aquella mañana acerté al estrangularla. Ahora veo sus lágrimas masculinas, ese gesto inequívoco de los labios, el cuerpo volcado, son pruebas irrefutables. No dejaría de ser divertido el final: dos cadáveres estrangulados sólo separados por el mármol... Pero prefiero detenerme. Si obedeciera este impulso, quizá la lápida donde a diario vengo a redimir mi crimen, no sería el muro infranqueable que les separa e impide que continúe su traición.

Texto: Amando Carabias
Narración: La Voz Silenciosa