05 diciembre, 2012

OFlesh


Sentado, siento que me vibra. Es el último modelo, un oFlesh de octava generación que se agarra como una garrapata en los pliegues de la palma de mi mano. Es ligero, más plano que una compresa biónica. Se ha necesitado excavar una mina del tamaño de un estadio olímpico para extraer sus componentes pero en tres meses pasará de moda y de forma generosa con el medioambiente se desintegrará atravesando mis células y se fundirá en mi. Soy un romántico. El planeta puede estar tranquilo. Todavía no hay casuística de riesgos de salud pero no es necesario ya que no está ya a la venta en el mercado y mi mano ennegrecida, signo del desarrollo, ya tiene reemplazo. Ya he encargado una nueva que incorpora el oFlesh 9. La duda que me corroe es que no sé si tirarla a reciclables o a orgánicos.

Texto: Ignacio Alvarez Ilzarbe
Narración: La Voz Silenciosa