14 diciembre, 2012

Sombra de humano

Acostumbro a salir todas las mañanas a correr, el frío corta mi cara, esta forma de comenzar el día hace que me sienta un superhéroe. Miro las caras con las que me cruzo, todos tapados hasta las cejas, encorvados, temblorosos. Tristes sombras de humanos casi irreconocibles bajo su apariencia.
Pero esta mañana algo salió mal, al levantarme una losa cayó sobre mi cabeza, no literalmente, es sólo que el dolor es insufrible y me tambaleo con angustia; apenas recuerdo cómo terminó la noche anterior, pero el salón parece un estercolero. Unos pasos se acercan por detrás a la vez que una voz me dice: tome, esto es bueno contra la resaca. ¡Dios! La voz se me clava y traspasa, querría matarla. Me mira con pena. En el espejo se refleja la sirvienta y alguien que no reconozco y ¡lleva mi pijama!
 Pura dígale a ese hombre que se marche de mi casa. ¿Qué hombre señor? Dice sorprendida. ¡Ese que lleva mi pijama! Digo al borde de la desesperación. Señor, siento decirle que aquí solo estamos usted y yo.
Miro desconcertado otra vez al espejo, el esperpento me mira burlón. Ahora la sombra de humano soy yo. El superhéroe derrotado por una cuantas copas de alcohol.


Texto: Maribel Martínez Montoro