09 mayo, 2013

En la soledad de las velas

Perdona que sin haberte conocido me robaras el alma, no tuviste culpa, pero yo lo deseaba. Fuiste Tú silencio, y mi alma, ronca al sentir tu alborada, dejará de latir, como si tu aliento se me escapara.

Hiciste el menor de los casos a mis noches sin luna, a mis desplantes rocosos de frugales chanzas, cuando tus ojos deslumbraban al cronos y se fijaban en los míos, aunque solo fuera un instante. Recuerdo el agarrado baile que nos marcamos aquella noche, tan lejana ya en la memoria, tan perdida en el tiempo. Después, el vacío de un tiempo sin saber nada y, por fin otra vez, otro baile. Recuerdo tu saliva golpeando mi garganta, cuando en silencio te robé ese par de besos. Fue la última vez que nos vimos, y la primera que te dediqué unos versos aunque no fueran míos.

“Que el viento te lleve hacia tus sueños, tus sueños cúmplelos.
Que el viento te lleve y que en las nubes, la tristeza tropiece al pasar”.

En la soledad de las velas, cuando cojo pluma y papel para desglosar tabúes, surgen los pensamientos tristes que me llevan siempre hacia donde tu aura es guía. Esos sentimientos hacen que vuelva a dedicar mi delicada tristeza a plasmar recuerdos de dulce amargura que me devuelven tu mirada de miel pura, y esos labios tuyos de boca de fresa tan dulces y delicados que, por un instante, sí fueron míos.
Vuelvo a hilar frases y versos dentro de mi cabeza, mas, aunque lo intente evitar, todos llevan a ti.


Texto: Gustavo García Pradillo
Narración: La Voz Silenciosa