28 junio, 2014

Dietas

Acabo de pesarme, un gramo menos que hace un minuto, dos menos que hace media hora, cinco gramos más que hace tres horas. No estoy obsesionado con el peso pero me cabrea el no poder encontrar una báscula de diezmilésimas de gramo. Los mejores momentos del día son después de salir del baño. Exultantes. Meo subido en la báscula y veo con delicia como van descontándose los dígitos de uno en uno, atropellándose hasta cuando me la meneo con la última gota y saltan adelante y atrás.

Tengo una funda y la llevo conmigo todo el día; la gente piensa que es un portátil. Entro al Metro con abrigo de invierno en pleno verano, me gusta pasarlo en Madrid, el calor es terrible.

Bajo en Carabanchel, me desnudo y me peso. Antes de que me detengan salto al andén opuesto y me voy para Chamartín. Me visto y anoto el peso. Joder, con miligramos es difícil acordarse. La vibración de los trenes, a veces hace que el valor sea erróneo.

Llevo quince años bajando de peso, solamente

en cuatro mil doscientas veintitrés ocasiones he tenido un aumento de peso perceptible. Antes tenía una bascula de décimas de gramo y joder, no soy jilipoyas, nunca me peso después de comer.

La gente cree que estoy obsesionado con el peso y que voy a acabar mal pero no se dan cuenta que perseguir la salud aumenta tu longevidad, genera pasiones incontroladas por vivir y comer.

Disfruto comiendo, soy obsesivo, como mucho. Me mancho las camisas con grasa, me ensucio los pantalones con gotas de helado; de yogurt, mi preferido.

Antes de sentarme a comer, porque me siento, odio comer de pie, cojo mi libreta y emborrono todas las anotaciones y datos del peso que he hecho durante el día. Coño! y como.

Me levanto y empiezo a bajar el peso que subí en una carrera desenfrenada de felicidad por mi salud. Y anoto mis objetivos y mis logros. Me gusta el verano por que adelgazo la hostia y porque como la hostia. 
Me gusta el verano, la operación bikini y las basculas diezmilesimales.

Texto: Ignacio Alvarez Ilzarbe