21 junio, 2015

Cultura tutelada. El burro grande aunque no ande

La cultura tutelada es la peor práctica de nuestras administraciones, gobiernos y políticos. Es uno de los mayores cánceres que padecemos los ciudadanos y creadores.


El burro grande aunque no ande. Continentes sin el contenido para el que fueron proyectados.

Te explicaré brevemente como funciona el sistema:
  1. Político listo nos vende que va a construir un auditorio, teatro, Espacio de Arte, cine... o lo que se le ocurra.
  2. Elige el lugar de construcción (expropia o compra terrero con nuestro dinero). Comisión
  3. Construye, remodela, reforma (con nuestro dinero). Posteriormente siempre existirán desajustes y sobrecostes del presupuesto inicial. Comisión.
  4. Selecciona al personal: gerentes, administrativos, coordinadores y una ristra de gente... (con nuestro dinero)
  5. Contrata las exposiciones, actuaciones o películas a proyectar (con nuestro dinero)
  6. Como espectadores al fin asistimos y nos cobran entrada. O solicitamos el lugar como creadores para representar, exponer o actuar y nos cobran un alquiler. El caso es que siempre pagamos

¿Qué diferencia o beneficios tienen estos proyectos tutelados frente a las iniciativas culturales privadas? Ninguna. Si voy a ver una obra de teatro, una película, un concierto o una exposición y en ambos pago. Incluso en los privados en ocasiones es más barata la entrada y me tratan con honores de cliente. Saben lo que significa un cliente.

Estoy muy hastiado de las políticas culturales de la administración. Cada mes cuentan con un presupuesto para ofrecernos lo que nos ofrece el sector privado sin ningún tipo de ayuda y encima generan beneficio y empleo ¿Cómo puede ser? ¿Son más listos y los centros tutelados más tontos? No. Simplemente que el dinero no les cuesta.

En ocasiones he tratado de rodar una simple secuencia de un cortometraje en uno de estos centros públicos (joder que también son míos, los he pagado y los pago con creces con mis impuestos cada mes) y he estado semanas tocando puertas en diferentes centros, todo han sido pegas, rellenar instancias, cara de "pero...¿sabes lo que estás pidiendo?"... de inmediato opté por un centro privado y casi me ponen la alfombra.

He podido, por diferentes circunstancias, conocer como gestionan algunos de estos centros culturales su programación cultural. No les resulta suficiente con tener un gerente, quince administrativos, un jefe de personal, un director de marketing, otro de publicidad, etc ... sino que las actuaciones y la programación las contratan por medio de productoras externas, son incapaces de descolgar un simple teléfono. Las entradas las venden por medio de empresas externas, los acomodadores empresas externas, el sonido una empresa externa... todo externalizado y ¿cuál es la función de una plantilla, en muchos casos de varias decenas de personas, que solamente tiene que programar una obra de teatro al mes y una exposición? ¡Cuanto dinero se queda por el camino! Es evidente que interesan todos esos “picotazos” al presupuesto. El burro grande aunque no ande.

Y no vengo a decir que no se subvencione a la cultura. Vengo a decir que nos hemos llenado de edificios llenos de funcionarios y personal de la administración vacíos de cultura. Continentes sin el contenido para el que fueron proyectados. Tenemos gestores culturales que programan tras una mesa, sin tener ni idea que es la cultura de verdad, y lo que es peor "sin vivirla, ni sentirla" Y que ocupan esos puestos por pertenecer al partido y por estar en las listas. Muy triste.

Afortunadamente, con leves lloviznas, afloran locales independientes, que con mucho sacrificio, nos ofrecen representaciones, exposiciones, actuaciones y arte del bueno. Arte que no cuelga de las paredes por ser “amigo de...”, o porque el gestor cultural se llevó un "picotazo" del presupuesto, o por estar de moda en los circuitos convencionales...