30 noviembre, 2015

Tecnolofóbia

He perdido el móvil … no hay reacción, no siento … unos segundos, unos minutos, un día. Ahora el pánico, ahora el miedo real, imaginaba una colonoscopia con un tizón rusiente, la pesadilla de una castración, nada era imaginable al tsunami al que inexorablemente me debía acercar. El sudor me humedece hasta el último valle de mis dactilares obviando la tensión superficial. Una punzada en el pecho, un embotellamiento en el alquitrán adosado en mis venas, doblo mis rodillas escuchando un deja vu repetido, el último, vibrando mi masa rosada contra el abrillantado mármol… le ofrecemos una oferta con fusión de procesador de muchos gigabatios adosados en pantalla táctil indexada con factibilidad de appsplicaciones … y sigo rebotando, las órbitas desalojadas por las lágrimas. La sonrisa d@l dependiente manchando el aire de la sala con letras, 28, todas muchas veces, unidas ininteligiblemente.