22 octubre, 2009

Una tapita, solo una tapita


Vivía para comerse el mundo. Nada lo saciaba. Su capacidad para digerir crecía por días.  Pisaba fuerte, sin tratar de apabullar a nadie, nunca lo pretendió, pero sufría cohabitando con los débiles que no volaban y que se conformaban comiendo solo una racioncita de la vida. Él creía volar, creía que las distancias eran infinitas y también su capacidad. Tanto mundo quiso comer que se indigestó. Se veía venir. Una indigestión dañina le paró su vuelo y se rompió los besos contra el piso. Ahora come poco y solo pequeñas porciones, su estómago le pidió el divorcio… descubriendo que antes devoraba sin degustar. Entendiendo que se puede vivir sin comerse el mundo, subsistiendo y disfrutando de pequeñas tapitas. ¿O tal vez ahora no le queda otra?