07 noviembre, 2009

Calor

El calor era infernal. Sudaba a mares. Tenía la garganta reseca. Apenas sí podía respirar. Desesperado, se despojó de  toda la ropa  y  corrió fuera de la casa, hacia el frondoso jardín, buscando con ansias el vivificante frescor del agua.
Ya se lanzaba de cabeza a la piscina cuando despertó.
No tuvo  siquiera tiempo de espantarse.
El pavoroso incendio desatado en el dormitorio por la colilla del último cigarrillo que había consumido, devoró su cuerpo con inusual presteza.