09 noviembre, 2009

Mi amor


Cuando bajé del tren hacía frio, mucho frio.
Me esperaba una convivencia incierta, desconocida y delicada, no la había visto en mi vida, ¿sería dulce y hermosa, o el prototipo de bruja de las pesadillas de mi niñez?.
Cuando ábrió la puerta creí ver el cielo, me extendió la mano y me dijo al oido, ¡que bien que llegaste!, te preparé un café bien caliente y unos deliciosos scones con mermelada.
No había sentido una mano tan cálida y acogedora en mis cuarenta años de existencia, me fué conquistando tan lentamente que todo mi ser vibraba acelerado y lleno de una intrigante curiosidad.
Fué metiendose dentro de mí de tal manera que confundía su piel con mi piel, que miraba por sus ojos y me movía con y por sus pensamientos, su olor hacía latir mi corazón, su voz era mi alimento, su cuerpo mi felicidad y su risa la única razón de mi existencia.
Es posible querer tanto...
Es posible morir haciendo el amor y resucitar mirandola...
Hoy he muerto amándola, pero mi vida está muerta.

Texto: Inma Vinuesa