11 enero, 2010

Regalitos del destino


Le llegó una caja. -Las cajas siempre llegan llenas. Se presentan en tu puerta aunque no las hayas encargado o pedido. Siempre te llega alguna, aunque no estés  ni censado. Pocos son los que se preguntan quien las manda, algunos piensan en la voluntad de Dios, otros que las envía el destino, otros que la dirección del destinatario siempre ha estado impresa…-Miró la caja, como hacia siempre y pensó cual sería ésta vez la sorpresa. Las sorpresas pueden ser buenas y malas, aunque mejor pensado… también están aquellas que "ni fu, ni fa”. No hace falta que abras la caja para disfrutar o padecer el regalo. Tampoco lo puedes rechazar.  Es una premisa conocida.

 Era para ella, otra caja más. No comprendía como había personas que recibían tan pocas cajas  y siempre con buenos regalos; y como existían otras como ella, que ya no podían cargar con tan pesados “regalos”. Lo que le desesperaba es que no hubiera un lugar donde reclamar o renunciar a los presentes. No era justo. Era capaz de cargar con los que le habían llegado, sin duda ella era la destinataria, pero lloraba pensando como cargar con los que estaba seguro quedaban por llegar. Vivía con la esperanza de saber, algún día, la identidad del remitente.