04 febrero, 2010

Empieza el baile




Tomé el pincel entre mis dedos y lo impregné de color. Me provocaba el rojo, sugestivo, impactante. Como sangre saturada besó el lienzo y lo transformó en un imán visual. Me guiaba una corriente creativa, el impuso automático sin buscar modelo, copiar, imitar o compalcer a nadie. Bajaba por mi mano un río desbordado que manchaba con rabia, que pretendía encauzar y transformar en color y mensaje el desenfreno creativo que nacía del interior. ¡Me apetece cambiar a otro color! Y dudo entre el blanco, que atenuaría el rojo que besó de sangre el lienzo y el azul que lo emborronaría… Pincel directo al negro. Al contraste del negro volcán, negro lava, noche azabache. ¡Me gusta! Y allí convergen formas delimitadas que se tocan pero no se traspasan. Colores planos sin matices. Y el negro me habla… me grita y me pide compañía. Se la concedo, mojando mi pincel en un amarillo limón. ¡Toma amistad! Y le encaramo el amarillo, independiente, delimitado, sin borrones, sin mezclarse. Y el color nace, todos conviven, todos destacan y desde la paleta me grita el azul cobalto y el blanco envidioso despierta y el verde deja de ser un color pacífico y se revela… todos quieren bailar. Empieza el baile desde la oscuridad.