18 febrero, 2010

La araña

Paciente animal. Él casi ciego. Yo muy visual. Admirado admiraba. Araña tejedora currante. Hecha su arma de caza y su lecho de vida, con esmero artesanal, se echaba a esperar la caída. Seda para matar. Avidez de moscas. Expectante de un zumbido cercano, escondida en la punta más alejada de su tela. Larga hambrienta espera. Pesca sin caña y sin mar. Pesca sin carne de pescado. Aprehender con ojos serenos y lengua seca desde la pura observación. Al final el fruto atrapado. Una mosca frenética que no supo frenar. Apresada y envenenada por enzimas digestivos. La araña primero digiere y luego saborea. Parece ser que la naturaleza aún guarda otras opciones.