31 mayo, 2010

Casi un naufragio



Y bueno…algún día tenía que suceder.
Viaje inauguración de la miniflota de barquitos de papel, recorrido sin escala Río Reconquista-Mar Mediterráneo y el primer barco navega distancia de dos dedos y queda atrapado entre el barro y el nacimiento de un junco caprichoso.
A bajar! A bajar!- grita el grillo capitán y exagera, Ojo que viene el naufragio- mientras tararea la canción de Titanic.
Asustados todos bajan.
En primera fila el propio grillo (que desconoce los protocolos internacionales en este tipo de siniestros) y balbucea algo así como que tiene familia numerosa, más atrás los dos saltamontes, un cascarudo gordo, la mantis y a lo último sin prisa y sin apuro el sapo retobado abandona la embarcación.
Confusión inicial, propia de la emergencia, todos gritan al mismo tiempo, algunos lloran porque le da trascendencia al momento, otros levantan la pata pero no saben que contestar, y los más, corren en círculos cada vez más cerrados y caen mareados .Los más materialistas piden la restitución del monto del pasaje.
El grillo pide tranquilidad, que el mismo no tiene y entonces el retobado, más sabio y más acostumbrado, toma la batuta y dice: Hermanos y hermanas, de distintas razas y credos, debemos unirnos para salir de la emergencia, intentemos sacar el barco que aún no está muerto.
Lo que dijo me trajo reminiscencias de algo, pero cuando recuerde a que me recuerda se los digo.
El tema, que santa palabra, los dichos del sapo tranquilizaron a los pasajeros.
El sapo impartió directivas precisas y coherentes. La mantis corría el junco, el cascarudo jornido sacaba un poco de barro, los saltamontes intentaban hacer resurgir el barquito encallado y el grillo entonaba el SOS para lo que lo escucharan otro bichitos y vinieran a ayudarlos.
El retobado observaba y
medía los daños del impacto, que parecían haber sido graves.
La situación sin embargo no mejoro mucho, el junco porfiado decía que no se iba a quebrar que por algo era junco, el cascarudo y los saltamontes se iban hundiendo cada vez más en el barro resbaladizo y el sapo movía la cabeza estimando un daño cercano al 99, 9 %.
Cae la noche y las esperanzas y las fuerzas.
Cuando de repente a los lejos y con andar acompasado, se acerca…el cosechador de estrellas!!!!
Yo lo miraba desde atrás de la ventana, pero lo divisé al toque, camina como sin pisar el suelo, mira con mirada clara y sus manos son como nidos, trino, raíz y cobijo al mismo tiempo.
Los bichitos parecían conocerlo y él enseguida puso manos en el asunto.
Les dijo que se subieran todos y se agarraran fuerte .Cosa que hicieron.
Y el cosechador se acerco al barquito, le susurro algo al oído, apoyo su mano-nido en el cuerpo maltrecho y el barquito se recompuso, salió del barro y del junco y empezó a navegar charco arriba reluciente, mientras los bichitos gritaban contentos y saludaban.
No pude contenerme y salí rápido de la casa y al asomarme, vi con mis propios ojos como el barquito al doblar la esquina, empezaba a desprenderse del suelo y a volar primero bajito y luego cada vez más alto y más y más…
El cosechador de estrellas me sonreía y le pregunte casi sin voz, qué sería de ellos, me dijo que le pidieron ir a darles besos a las estrellas y que luego regresarían placidamente navegando nuevamente los charcos de mi barrio.
Me emocioné, mucho, mucho y sonreí y en un arranque de coraje, le pregunté si algún día me concedería lo mismo.
Me miró a los ojos, o al alma, como solo miran los que saben mirarte bien a los ojos y me dijo que dentro de poco, de muy poquito, mi sueño se iría cumpliendo.
Sentí que el corazón me salía por la boca y le homenajeé la mejor de mis miradas, que el cosechador agradeció con un guiño de ojos y yo…
Yo supe comprender.
Como se comprende en silencio y sin necesidad de palabras.
Texto: Cecilia Sarobe
Narración: La Voz Silenciosa
Imagen extraída de internet