17 junio, 2010

El Orador



La cena se enfriaba en la mesa. De vez en cuando, un sorbo de sopa quebraba el silencio. Pensativo, apoyando el mentón en su mano izquierda, posó sus ojos en la ventana, que cristalina parecía abierta al mundo. Tanto tiempo formó parte de él como célebre orador y hoy le trataba como a un extraño o peor aún como a una ilusión de sí. En actitud solemne, intentó pronunciar su discurso más aplaudido, esperando oír imaginarios aplausos, mas un seco golpe lo distrajo, al tiempo que pudo ver su propia humanidad inclinada sobre sí, sobre la mesa y sus ojos con una infinita mirada hacia la ventana...

Texto: Jesslo