16 septiembre, 2010

Diabéticos mentales, abstenerse


es un best seller, a duras penas se podrá encontrar una reseña negativa de La mecánica del corazón, de Mathias Malzieu.
La novela arranca de forma brillante, impactante, original. Un bebé nace en Edimburgo, en medio de la noche más fría de un
frío año, en una maternidad poco ortodoxa, donde acuden madres solteras y otras desahuciadas de la sociedad y dejan a sus hijos recién nacidos para ser dados en adopción.
Hasta ahí podría parecer algo normal, pero no, el niño que nace no sólo nos relata su propio parto con extrema lucidez sino que debe ser intervenido de urgencias por la dueña de la maternidad, quien le inserta un reloj de cuclillo en el pecho para que su débil corazón resista. Genial. Hasta que el niño, a los diez años, se encuentra con una niña cantante granaína y miope y se enamora de ella con tal pasión, sensualidad y emoción poética, que su vida girará a partir de ese momento a su alrededor: encontrarla, conseguirla, amarla y ser amado. Todo ello, entre frases que rebasan los límites del lirismo y el ingenio. Una detrás de otra.
Resulta agotador tener que asombrarse por tanto ingenio una o dos veces por párrafo, tal vez más.
También es altamente indigesta la sobreabundancia de dulzura.
Y es una pena, por lo originales, imaginativos y potentes que son tanto la idea como la trama y gran parte de las situaciones y los personajes: apropiarse del auténtico Georges Mélies en su viaje personal hasta realizar ese otro Viaje a la Luna es una genialidad; incluso la aparición, efímera pero instructiva, de Jack el Destripador lo es.
Pero es excesivo, empalagoso, relamido hasta la náusea.
Afortunadamente, la inspiración lírica parece abandonarlo hacia el final, que se precipita en la normalidad, desarmando el pilar donde, a mi juicio, reside la verdadera poesía de esta novela atípica.
Pero mejor la leen y sacan sus propias conclusiones. Sólo por la rareza que supone, merece la pena arriesgarse a un coma diabético-literario.

Crítica: Ana Joyanes