20 agosto, 2011

Un beso envenenado


¡bueno, lo que me faltaba!, parejita de luna de miel arrumacándose en los asientos de al lado, no hemos ni despegado y ellos ya van volando. Sí, sí, aprovechen, que como no tengan el tren de aterrizaje engrasado ya verán el estrellazo. Siempre es igual, nunca se prepara el descenso con la aproximación y todo eso cuando se está en las nubes. Me suena, por eso ahora sólo viajo en avión, con profesionales, nada de vuelos rasantes con aficionados de pacotilla.Y me quedan cinco horas aquí amarrada, tragándome la telenovela ésta con final de perdices. Seguro que vienen de bodorrio de Ave María y tarta de merengue, vestido blanco roto para no ofender mucho a la virgen y oleadas de ¡viva los novios! No puedo…¡Ah, qué bien! Ahí viene la azafata con el aperitivo, me encantan esas bolsitas con mixto de frutos secos que sirven a veces, estupendo, así me entretendré durante un rato, aunque no debería, con las calorías que tienen, bueno, son pequeñitas las bolsas.Se zampa él los dos paquetes, claro, la flaca esa no querrá que una miserable caloría le vaya a mancillar su cincelada escultura. Sí, sí, te creerás que te va a durar toda la vida, guapa.Pasa otro rato de miradas arrobadas, roces, susurros. Y él que se atornilla en un beso de esos que acaban con la reserva de los pulmones, eterno. Me concentro en la pantalla con el mapa de la ruta prevista: distancia, hora local, tiempo estimado, temperatura exterior, ¿a quién le importará la temperatura exterior a diez mil metros?En eso que noto una agitación repentina en mis vecinos, él que grita: ¡Mayte!, ¡Mayte! Y Mayte que se ha puesto encendida, hinchada, que se ahoga, que ahora se pone azul, que se apaga. Y él que grita más, que la sacude. Y la azafata que corre por el pasillo. Y la megafonía que pregunta si hay un médico a bordo. Traen el oxígeno y el maletín de primeros auxilios, pero el médico no encuentra adrenalina.Él se desgañita poseído: ¡los manises, los manises!Yo me pregunto estupefacta: ¿tendré poderes?

Texto: Ángeles Jiménez
Narración: La Voz Silenciosa