29 octubre, 2010

La nunca contada historia de Juan Irineo



Que nadie espere que les cuente la historia fatal del hacendado Juan Irineo, aunque yo tengo muchas cosas que contar sobre él, sé cosas que ni sus propios hijos conocen, tantas  como si por sus venas hubiera corrido mi propia sangre. 
De niños compartimos vivencias, juegos y peleas, entonces era un chiquillo prudente y un tanto esquivo, poco soñador, siempre apegado a las cosas materiales, convencido de que el dinero lo compraba todo. 
Irineo no escuchaba nadie o al menos a mí nunca me escuchó, sólo me dejó ser testigo del ocaso su desbaratada existencia y de cómo terminó vencido por la hipocresía, la codicia y la lascivia. 
Cierto es que llegó a acumular grandes riquezas materiales, pero no le sirvieron de mucho, nunca tuvo un verdadero hogar, sólo se compró casas, no consiguió tener felicidad, ni paz interior, ni sabiduría, ni tan siquiera pudo comprar su salud. 
Murió un domingo de abril de madrugada y apenas tres años después las dos mujeres que compartieron su vida,  en un triángulo impúdico y consentido, repudiaban públicamente su nombre y hasta  su recuerdo.
Poco bagaje dejó el desdichado que merezca la pena ser recordado, dinero, haciendas y la simiente de la avaricia fertilizando en sus hijos. 
Así que nadie espere que les cuente esta infeliz historia, las muchas cosas que sé las callaré para siempre.

Texto: Pilar Aguarón Ezpeleta