04 octubre, 2010

Otro punto de vista



atónito, compruebo que del humo suspendido en el aire, nace un puro que se balancea sobre los labios de una boca cerrada que se aferra a un rostro de un hombre serio. Pero lo más sorprendente es que de la mano derecha del hombre serio se prolonga una pistola que apunta directamente sin disimulo a mi entrecejo. Y no sé si toser por el humo, gritar, rezar o temblar de miedo.