22 noviembre, 2010

No sin ti

 
 
Sujetaba el cuchillo con fuerza, su mirada perdida, mientras tan solo se oía el goteo de la sangre caer al suelo. De repente se arrodilló delante de su cadáver, y mientras una lágrima brotaba de sus ojos, su mano acarició su cuerpo todavía caliente. Cogió aire y dijo:
-No te enfades conmigo, ahora estás en un lugar mejor. Ahora tu madre se lo pensará dos veces antes de querer dejarme por otro. No estaré sin ella, eso si que no se lo permitiré.
Dijo mientras acunaba el cadáver de su hija, sin soltar el cuchillo de sus manos.
Texto: Yaiza Méndez