21 noviembre, 2010

El bolso

Recuerdo perfectamente el momento justo en que mi vida cambió para siempre, está grabado en mi memoria como si hubiera sido ayer mismo, faltaban diez minutos para las 9 de la mañana del 7 de abril de 1956, yo tenía 20 años y hasta entonces siempre había sido un chiquillo tranquilo y obediente. Abrí la puerta del descansillo para ir a clase y me encontré con mi madre que subía la escalera apresurada y al verme me dijo nerviosa:



-Hijo, no vayas a la universidad, he oído que los estudiantes andan revueltos, que van a ir a montarla a la facultad. ¡No vayas, hijo, no vayas!

Yo sólo pude pensar en Mariana. Estaba seguro de que ella encabezaba la movida porque llevaba una semana muy inquieta. Salté como una flecha sin hacer caso a las advertencias de mi madre, cogí mi Lambretta y me dirigí al campus a toda prisa. Cuando llegué, había dos grupos bien diferenciados junto a la Facultad de Derecho; unos agachados alrededor de algo o alguien en el suelo; otros protestando con los puños levantados hacia la otra entrada al recinto universitario. No la vi. Me dio un pálpito, tiré la moto en medio de la calle y corrí junto a los que estaban arrodillados. Una melena pelirroja, un abrigo azul, un bolso de imitación a cocodrilo… ¡Mariana!

Mariana llevaba muchos años como secretaria del decano. Fue de las primeras en sumarse a las manifestaciones de los estudiantes y de enfrentarse a los falangistas. Al verla tirada en el suelo, no pude pensar en otra cosa más que en ella y en su cabello enredado con la sangre del suelo. Quise socorrerla, pero el tumulto me arrastró y sólo logré entrever cómo se la llevaban en volandas. Su bolso en el suelo quedó como testigo de los altercados que se acababan de producir, como única prueba de que aún pensaba en mí a pesar de haberme jurado que mi regalo era de burgués y de que me había olvidado.


Colectivo 3d3 escritores: Pilar Aguarón, José Antonio Prades y Anabel Consejo
Ilustración: Pilar Aguarón