29 diciembre, 2010

Depósitos de confianza




Me dispuse a abrir una cuenta llena de ilusión en tu acreditado banco para custodiar mis depósitos, con la intención de obtener los beneficios de un prometido interés.
Quise rentabilizar mis ahorros, los que acumulé día a día, los que guardaba en la caja fuerte de mi perseverancia, con la ambición de convertirlos en la estabilidad de un futuro solvente.
Me sedujo el atractivo eslogan de la publicidad de tu entidad: depósitos de confianza. Garantizabas los deseos de prosperidad que sellaban las pretensiones de nuestro acuerdo.
Pero la crisis manipuló nuestro pacto, comenzó a desbancar las expectativas de mis sueños, destruyó sin piedad la contabilidad del optimismo, quebrando el encanto de una valiosa relación.
Me invitaste a retirar las monedas de la incertidumbre, las sobras del engaño.
Se desmoronaron los depósitos de mi confianza.