17 diciembre, 2010

Mi hermana y la escalera de caracol


Su hermana tenía razón. Lo cierto es que siempre tenía razón.
Cada mañana salía a dar su paseo matutino por desiertas calles en las que la luz del sol nunca llegaba. Todas las madrugada me despertaba con aquel horrible silbido que me ponía de mal humor y me decía, con un tono de voz inconcebible y pasmoso para aquellas horas del día: “vendrás hoy a pasear conmigo?”. Y todos, absolutamente todos los días, yo le contestaba: “¡no!” Pero ella jamás se rendía y tan temprano como siempre entraba su silbido en mi cuarto y escuchaba su voz mientras se lavaba con agua fría la cara: “¿vendrás hoy?”. Y después de mi rotundo no sus pasos se iban alejando mientras bajaba tranquila la feliz escalera de caracol que esperaba sus zapatos y sus suelas gastadas. Hizo falta que ella faltara para que yo reemplazase sus pisadas en los plácidos escalones que la esperaban.

Texto: Iria López Fernández
Narración: La Voz Silenciosa