17 diciembre, 2010

 
Próxima parada...

Nada podía salir mal aquella noche. Llegué tarde. Por unos minutos no pude alcanzar a ver mis ojos reflejados en los suyos. Hubiera dado mi mano derecha por saber qué sensación me esperaba al vernos tras esos 2 desgraciados años. Pero mi corazón no llegó a tiempo, a pesar de que latía con más rapidez que nunca. Por unos segundos no cogí ese tren que me llevaba a su felicidad. Y duele; duele el recuerdo de aquella estación vacía, aquellas luces rojas alejándose y yo aterido de frío, con el sabor en la boca de mis propias lágrimas.
Nada podía salir mal aquella noche... Nunca habrá otra para confirmarlo.


Texto:  Miguel Días Fuentes