15 diciembre, 2010

Palabras



Las palabras, fronteras que el viento hace y deshace, que estructura y desintegra, que arma y desarma con apariencia caprichosa. Palabras cálidas o frías, como el aire, a veces calmo y otras tormentoso. Palabras voladoras, viajeras curiosas, inestables, juguetonas. Palabras que piden más palabras, sedientas de combinaciones insaciables, infinitas, siempre incompletas de promesas mentirosas. Las palabras se las lleva el viento, sí, las trasmite, no habría palabras sin viento y qué sería del viento sin palabras: sólo aire vagabundo. Palabras que escribimos con la fantasía de amansarlas, de poseerlas, pura ilusión: las palabras no se someten, no se tienen, brillan en el intercambio, fluyen emancipadas al expresarse. La escritura traspasa el espacio y el tiempo, nos acerca a lugares lejanos, a tiempos remotos, inventados o increíbles. Las palabras nos acercan a los otros, o nos separan, la magia de lo humano.
Yo aprendí a decir palabras, luego a escribirlas y a leerlas, así ingresé en el mundo, así me incorporé a la cultura, así se participa en este artificio ilustrado del saber: combinando palabras. Sin palabras las fronteras de lo humano se desdibujan y se alzan las otras: salvajes, irracionales, represoras, involutivas, inhumanas.
Hablar, escuchar, leer, escribir, regalar palabras. Si no, ¿cómo amar sin compartirlas?
Texto: Ángeles Jiménez
Narración: La Voz Silenciosa