06 enero, 2011

Del brazo de su madre



Un hombre tan distinguido, tan profesional en lo suyo y siempre del brazo de su madre. De lejos se intuye un mimo tal vez demasiado afectuoso en el trato familiar. Me saludó cortés al cruzarnos y continuó su charla acompasada al paso más lento de la anciana. Felizmente instalado en un Edipo no resuelto, se me ocurrió pensar.
Antonio renació de sus propias ganas –me contó un día su compañera de trabajo–, del esfuerzo por superarlo todo desde que de niño se quedó a la vez huérfano y parcialmente sordo en el mismo accidente doméstico que le arrebató a sus padres. Lo educó como a un hijo la pareja de amigos íntimos sin descendencia con la que vivió después. El marido murió hace años. Luego él se casó con ella.