04 febrero, 2011

El pelo en la boca

Se encontró un pelo largo y amarillento en su plato de sopa y sintió un asco terrible, un asco inmemorial, que latía desde su duodeno. Se lavó las manos, no dejó propina y salió a caminar para desenfundar su disgusto. De inmediato se deleitó con una mujer que escribía una carta con una rapidez hermosa, como si las letras se borraran. Se sonrieron incendiando sus ojos y sus soledades. Quedaron esa noche, se desnudaron, se hicieron todas las caricias posibles; y entonces aquel hombre olió, besó y peinó sin asco la gruesa melena rubia de la cocinera de su bar.

Texto: María Paz Ruiz Gil