23 febrero, 2011

La magia del fuego

El intenso calor la acosaba. Las llamas empezaban a lamer su cuerpo. Y más allá, entre el humo, aún podía ver las miradas llenas de miedo de aquellos que la habían declarado culpable de brujería, a los que atemorizaban su pelo rojo, su rebeldía y su descaro.
Eligió a una mujer que como todas era pálida, vulgar y transparente, ésa que movía los labios como si rezase y hacía resbalar sus dedos nerviosos por un rosario desgastado.
La bruja logró que las yemas de sus dedos rozasen los amuletos que aún escondía entre la ropa, comenzó a susurrar extrañas palabras y, para cuando concluyó el conjuro, la mujer de pelo rojo era una más entre las personas del pueblo, tan vulgar y transparente como ellas aunque sus labios permaneciesen sellados y no rezasen. Tuvo que admitir entonces que, gracias a la belleza hipnotizadora del fuego y a los gritos desgarradores de la desgraciada por la que se había cambiado, el espectáculo no defraudó a nadie.
Texto: Luisa Hurtado González

7 comentarios:

  1. Ya leí este cuento en el blog de Luisa y me gustó mucho. Me alegro de verlo aquí publicado.
    Un abrazo.

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  2. Yo también; pero aquí además cuenta con la ilustración, que lo complementa.

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  3. Los que me conocen saben que me encantan las historias de brujas, fuegos y muertes y esta historia me ha gustado mucho.
    Enhorabuena

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  4. Me ha encantado. Quizá es verdad que algunos pensaron que habían acabado con la brujería. Ja.

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  5. Fantástica estampa. Fina ironía. La contemplación del fuego siempre ha sido motivo de atracción en todos los tiempos.
    Un beso a los dos.

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  6. ¡Esta sí que era una bruja mala! Pobre mujer.

    Abrazos no defraudados.

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  7. Cómo me gustan las brujas, hasta las malas.

    Saludos

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