22 febrero, 2011

El don de la genialidad

¿El genio nace o se hace? Aunque podríamos discutir largamente sobre esta cuestión, todo parece indicar que el don de la genialidad viene dado desde la cuna. La genialidad parece ser un designio que se tiene o no se tiene. El genio posee una serie de cualidades innatas que le hacen ubicarse en la existencia, de una manera totalmente distinta a como nos ubicamos el resto de los mortales.
La capacidad creativa del genio alcanza niveles de realidad dotados de una enorme profundidad. Precisamente por esto la obra del genio nunca puede ser asumida en su totalidad. La riqueza interior de dicha creación inaugura un abismo imposible de sondear donde resuena eternamente el silencioso misterio de lo insondable, el decir callado de aquello que nos constituye aunque ni siquiera seamos conscientes de ello.
De este modo podemos definir las obras de los grandes genios como productos inagotables dotados de una riqueza interior, que sobrepasa cualquier intento de comprensión de lo que reside en semejante quehacer. Dichas creaciones encierran en sus formas la fuerza del asombro inicial que provoca el temblor de lo esencial. La fuerza germinal de dicho asombro rompe radicalmente la cotidianeidad de la existencia e inaugura caminos que anuncian el porvenir de lo que aún está por acontecer.
En resumidas cuentas, pensamos que la intuición ante el mundo y la capacidad de creación de estos grandes hombres está fuera de toda duda, y que más allá de la aceptación o no de su trabajo por parte de sus contemporáneos, estos seres iluminados tienen la capacidad de captar en su germen aquello que indefectiblemente terminará por desarrollarse y determinarnos desde lo más hondo de nuestro ser.
Texto: Rubén  M.M.