05 junio, 2011

Árboles




Si fuera un árbol de extendidas ramas
para alcanzar las tuyas, árbol mío,
buscaría la tarde de finas y largas sombras
para rozarte.

Dentro de las costuras de la tierra
mis suaves rizoides te encontrarían,
y absorberíamos la savia
confundiendo floemas y xilemas
y al viento entre las ramas,
y nada importaría:
ni el bosque ardiendo
ni la lluvia arrastrándonos por los barrancos.

En la cueva del meandro,
la arena el suelo el techo la noche,
encendida la hoguera,
prendo en llamas mi olvido,
y aún la mirada perdida en el fuego
sabe el demonio cuántas veces te he negado, y él
queriéndote llevar consigo.

Qué mentiras hermosas son tus cuentos,
y qué ciertos tus dedos en los míos.

Texto: Dácil Martín
Narración: La Voz Silenciosa

Ilustración: Cristina Tabares