29 marzo, 2011

Impotencia

Anochece y, como cada noche, custodias mis sueños con tu sombra, poniendo entre los dos una barrera infranqueable.
Te vuelves con la excusa de que no se te levanta el ánimo, pero dejas muy claro quien es el dueño de la mitad de la cama. No permites que plantee una noche diferente, sólo las que fabrico con mi imaginación pero con tu cuerpo.
Mojo mis ganas con objetos fuera del calor humano y simulas que no te enteras para que tu conciencia no se manche con el remordimiento.
No sé cómo aguantas día a día esa frialdad y no se te rebosan las ganas de ser un hombre por tus poros.
¿Será que no eres de este mundo? ¿Qué eres inmortal y te alimentas de otras carnes?
No entiendo, por mucho que pregunto la nada es tu única respuesta.
Amanece y eres el hombre perfecto, el amigo más fiel, la piedra en la que apoyarse.
¿A qué juegas? Enséñame las reglas de tu juego, ¿es la impotencia la que no te deja acercarte a mí o es tu mente la que rechaza intentarlo?
Se ha roto la conexión entre tu cuerpo y tu mente y, el roce de mis manos es lija para tus sentidos.
Qué es lo que no me permite despegar mis deseos de ti, si no eres más que la mitad de una casa vacía.