10 marzo, 2011

Todo es silencio

Entre los títulos que tenía elegidos para comentar en este blog no estaba Todo es silencio, de Manuel Rivas, pero no he podido evitarlo: tengo que hablaros de él. A pesar de lo cual, como me sucede en otras ocasiones con libros que me gustan mucho, no estoy segura de ser capaz de explicar con claridad lo que me hace sentir.En algún sitio leí que con esta novela Manuel Rivas hacía una incursión en el género negro y pensé: ¡qué pereza, otro más! (desde que se ha puesto de moda, quien más y quien menos quiere escribir una novela negra) lo que unido a que era una lectura “obligatoria” hizo que la cogiera con cierta desgana.
Si entendemos como negra una novela en la que hay muertes, corrupción y hampa (en este caso contrabandistas y droga) si que lo es; pero también podría ser una novela de amor y desamor, de ausencias y reencuentros; o costumbrista, porque nos acerca a la Galicia rural, o…. ¡Lo único que importa es que es un libro que merece la pena ser leído!
El libro comienza así: La boca no es para hablar. Es para callar. Dos frases cortas, contundentes y que contienen en gran medida la esencia del libro porque creo que en él lo más importante, lo que tiene más peso en la historia, es lo que se calla, lo que no se cuenta.
Léanlo sin miedo quienes disfruten con la buena prosa, muchas veces poética. Quienes quieran dejarse llevar por el autor y pasear por las playas y acantilados de la costa gallega y sentir el olor a mar que el libro desprende y contagiarse del amor a Galicia que impregna toda la novela.
Absténganse de hacerlo quienes quieran un libro en que la trama sea lineal y no les guste encontrarse con saltos espaciales o elipsis; los que detestan que el autor obligue al lector a esforzarse. ¡No les gustará!
Lo mismo que no pude resistirme a hablaros sobre Todo es silencio, tampoco puedo hacerlo a incluir aquí (excepcionalmente) un Rincón Musical que suena en mi cabeza asociado al libro: Amancio Prada cantando Negra Sombra, de Rosalía de Castro.
Crítica: Lammermoor