09 marzo, 2011

El esfuerzo de la creación (II)


"Con esto no queremos decir que todo se deba única y exclusivamente al esfuerzo particular, pero sí hay que señalar que a la hora de evaluar a las grandes creaciones se han de tener en cuenta todas y cada una de las dimensiones que propician la aparición de dichas maravillas. Sería un error quedarnos solamente con la peculiaridad que supone la genialidad. No hemos de caer en la falsa imagen de representarnos al genio como la figura de un iluminado al que todo le viene dado. Hay que saber advertir inteligentemente el lugar del esfuerzo personal en ese conjunto de trabajo. Hay que saber "ver" el esfuerzo personal del genio en su propia producción.
Picasso afirmaba con rotundidad que si la inspiración tenía que bajar, que lo cogiera trabajando y Hegel sostenía firmemente que la filosofía no consistía en otra cosa que en "el esfuerzo del concepto". Muchos de los genios más grandes de los que hemos gozado siempre han resaltado en sus pensamientos la trascendencia incansable de su esfuerzo, e incluso la frustración y desazón que llegaban a sentir por no acertar plenamente en su trabajo a pesar de sus ingentes esfuerzos. Por ello en una sociedad como la nuestra, cada vez más acostumbrada a la obtención de resultados rápidos sin esfuerzo alguno, sería importante atender de manera preeminente a la importancia del esfuerzo. Como vemos incluso el genio, ese ser desmesurado que parece no necesitar de su voluntad para alcanzar sus metas, ha de trabajar. De hecho, muchas de las más excelsas y maravillosas obras que conocemos no hubieran sido posibles sin el esfuerzo titánico que le supusieron a su creador."