04 junio, 2011

Esa



Sencilla, como las pequeñas flores del campo. Amarilla, pálida, pasando desapercibida en un manto de colores frondosos.
Allí, sin la más mínima intensión de sobresalir, sin pretender destacar por nada, ni por altura, ni color, ni aroma, ni siquiera por estar.
La de pelo rizado, la que no sabe ponerse, ni hablar, ni si reír cuando algo es alegre o llorar cuando el alma se encoge por algo nimio. Esa de ojos abiertos que piensa que la vida es demasiado intensa para que se le escape un detalle, esa…
Siente un cosquilleo inexplicable, los acontecimientos la desbordan. Desconoce cómo se metió en un torbellino de vida que contemplaba de lejos y que temblaba imaginando que podía formar parte de sí.
La que le da miedo meter la pata, la que solloza por dentro si alguien se aleja y no ha podido compartir una presencia insignificante pero cierta. La que todo lo hace al milímetro para no errar.
Esa flor solo necesita querer, creer en lo habitual, afrontar las realidades ajenas y acompañar con sabia sinceridad.
Esa pequeña unidad sólo desea estar, saber y sentirse amada, solo necesita entender la crudeza de un alrededor no tan extraño y apreciarse real agarrada por cientos de manos cálidas que la acompañan.


Texto: Inma Vinuesa
Narración: La Voz silenciosa.